La Editorial Ultimo Recurso presenta una investigación que narra todo el proceso de organización autónoma que impulsaron, a partir del año 2005, trabajadores que en ese entonces integraban el Lavadero Virasoro. Sus testimonios, los embates de la patronal, las duras condiciones laborales, las complicidades de la burocracia sindical y las estrategias de lucha que concluyeron con la instalación de una carpa durante 6 meses son algunos de los hitos que narra, con un gran despliegue contextual, el libro “Lo colectivo en acción”. La palabra de los laburantes es el punto de partida de un documento que muestra la otra historia de un conflicto silenciado y más allá de éste, la autogestión generada por los trabajadores que hoy integran su propia cooperativa de trabajo.
A veces, un libro dice mucho más de lo que sus palabras escritas reflejan en una hoja de papel. Casi siempre, ese libro se transforma en una poderosa herramienta de lucha y, fundamentalmente, en un vínculo que transmite oralmente experiencias, resistencias cotidianas, vidas e historias que aclaman por ser contadas. Entonces, esa letra que parece muerta en un documento, cobra vida y movimiento.
Algo de esto sucede, simplemente ocurre, a través del humano acto de la lectura. Y en ese acto, el lector, despojado muchas veces de los sentidos de la escritura, se apropia del relato y más allá de éste, de una historia de vida, a veces colectiva, casi siempre silenciada.
Los grandes sellos editoriales no buscan demasiado hacer zoom sobre estos relatos y discursos que nos interpelan desde infinitos mundos sociales. Y por ello, se vuelve indispensable la aparición de editoriales colectivas e independientes que apuestan a esta titánica tarea de investigar y publicar las voces que casi nunca encuentran eco en las páginas oficiales de la historia.
“En el año 2007 estalló en las puertas de la empresa Lavadero Virasoro un conflicto laboral como pocos en estos tiempos, impulsado por un grupo de trabajadores que conformaron lo que luego sería la Comisión Interna. Los medios de comunicación y el discurso de la patronal se ocuparon de criminalizar su protesta y deslegitimar su lucha, sin mencionar siquiera las terribles condiciones en que allí se trabajaba. Y sin embargo, los trabajadores no abandonaron la trinchera: lucharon y resistieron durante 6 meses en una carpa de protesta generando estrategias de supervivencia y relaciones sólidas con otras organizaciones. Casi tres años después esta experiencia de lucha aún nos interpela y nos impulsa a reflexionar colectivamente”.
Así nace el libro “Lo colectivo en acción”, una profunda investigación que duró más de dos años y fue realizada por tres mujeres integrantes del Colectivo Editorial Último Recurso: Ana Laura Ciccone, Natalia Bentos y Angelina Pagani. En él, las autoras afirman: “Darle vida al libro es poder vivir con cada historia la indignación, la rebeldía, la alegría, el amor y la lucha que este grupo de trabajadores supieron darse. Creemos que este proceso de lucha fue novedoso y crítico para los tiempos que corren, marcando tendencia por ser una lucha sostenida desde abajo y con profunda dignidad. Por eso consideramos necesario contar la experiencia de organización de los trabajadores del L.V que surge en los años previos al 2007.”
El libro reune, a través de un minucioso trabajo de entrevistas con los trabajadores, los testimonios, el relato y las experiencias de este grupo de laburantes que decidieron, en el año 2005, impulsar un genuino proceso de resistencia obrera, generando instancias de participación colectiva y una fuerte organización social gestada desde abajo.
Todo el recorrido que trazaron los trabajadores, los embates de la patronal, la indiferencia de los sindicatos, la solidaridad de otras organizaciones, el reclamo justo por condiciones dignas de trabajo, se cuenta desde una mirada humana y cercana a estas experiencias de vida. Acercar a los lectores la historia de esta intensa lucha en el Lavadero Virasoro, es casi el espíritu que aúna el relato testimonial y la investigación contextual e histórica que realizan las tres autoras del libro.
enREDando dialogó con una de ellas, Angelina Pagani y con un ex laburante del Lavadero e integrante de la Comisión Interna, Carlos Medina. En este diálogo, son muchos los elementos que aparecen fugazmente, hilando una trayectoria de relaciones de poder y focos de resistencia autónoma. “El libro es una crónica del proceso de organización de los trabajadores de la Comisión Interna frente a los procesos de flexibilización y precarización del mercado laboral”, define Angie, quien además explica que esta investigación no nace de una matriz académica, aunque se aborda desde una metodología cualitativa que “nos permite ir jugando con las entrevistas de ellos y este contexto social político y económico más amplio. La idea principal del libro es que la historia esté contada a partir del relato de los trabajadores.”
Al mismo tiempo, apunta Angie, el libro es un medio para dar a conocer y difundir “la otra campana” que solo se escuchó en algunos medios de comunicación alternativos que dieron amplia cobertura del conflicto. “Costó mucho que se supiera lo que estaba pasando. Y nos parecía que el libro era el medio para contar la historia. Y no dejar la letra muerta, sino poder socializarlo, que los chicos se lo pudieran leer a sus hijos, transmitiendo la experiencia.”
Entre todos, podemos
Desde que el conflicto comenzó a tomar cuerpo, los trabajadores siempre soñaron con plasmar la experiencia en un libro. Finalmente lo lograron junto al apoyo incondicional de la Editorial Último Recurso. Hoy, es una lectura casi obligada entre las familias de estos compañeros que no dudaron en resistir, bajo el frío, la represión policial y la lluvia, en una carpa que instalaron por el lapso de seis meses, en las puertas del Lavadero Virasoro.
“Nos pareció muy importante la idea del libro, porque era un medio de expresarse, de comunicar, de informar qué fue lo que pasó, por qué lo hicimos y decir que no éramos rebeldes sin causa sino que había todo un por qué de las cosas”, nos cuenta Carlos Medina, un integrante de la Comisión Interna que movilizó la organización del L.V.
Además, esperan que este libro sirva “para los que vendrán” y para qué sus hijos conozcan lo que hicieron sus viejos por defender los derechos de los laburantes. “Tenemos experiencia de compañeros cuyos hijos lo leen y se sienten muy orgullosos de sus padres. El objetivo es que esto no quede en el pensamiento de cada uno sino que también pueda compartirse con el resto de la sociedad. Durante todo el proceso era muy difícil sacar el conflicto afuera. Y gracias a estos medios independientes logramos difundir lo que pasaba.”
El fin del conflicto no tuvo el desenlace esperado. Más de 70 trabajadores finalmente fueron despedidos por la empresa cuyo dueño es el empresario Jorge Guidetti y del cual se tiene muy poca información. Sin embargo, el fruto de esta experiencia de organización germinó, tiempo después, en la conformación de una Cooperativa de Trabajo integrada por algunos de los trabajadores despedidos, muchos de ellos, integrantes de la Comisión Interna.
Al mismo tiempo, la gran mano de solidaridad que encontraron durante los meses álgidos del conflicto fue fundamental para sostener todo el proceso de lucha y organización. Y eso lo destaca Carlos Medina: “Más allá del resultado, siempre quedamos con un pensamiento positivo basado en la experiencia que vivimos, y en darnos cuenta de la gran solidaridad que hubo de muchos sectores. Nada hubiese sido lo que fue sino era por esa solidaridad. Hubo gente con muy bajos recursos que se han sacado el pan de la boca para darnos a nosotros y eso es impagable.” También remarca la entereza y la firme convicción de sus compañeros que impulsaron esta lucha mucho antes del 2007 y que nunca bajaron los brazos ni “tranzaron” con la patronal.
Reclamos justos
Son muchos los reclamos que realizaron los ex trabajadores del Lavadero. Entre ellos, el más básico: el derecho a un sueldo digno. “En el año 2005, lo primero que salimos a denunciar es el sueldo bajo que teníamos, muy por debajo de la línea de pobreza. El costo de vida estaba cerca de los $3500 y nosotros cobrábamos por mes, 12 horas trabajando todos los días de lunes a sábado $500”.
Luego, los reclamos tuvieron que ver con la exigencia de elementos de higiene y seguridad. Cuenta Carlos: “Teníamos un baño para 150 personas y otro para 11 mujeres. Manipulábamos y consumíamos productos químicos. Pedíamos lo básico para evitar la contaminación y eso no existía. La empresa no te daba ningún tipo de elementos de seguridad. Eso fueron los dos puntos más importantes al comienzo de todo esto.” Uno de los testimonios recogidos expresa: “Cuanto entré a trabajar empezamos a trabajar con un producto que te deja sin aire en los pulmones (…) no aguantaba el veneno que estábamos aspirando y pedía más seguridad”.
Durante 35 años de antigüedad la empresa jamás contó con un cuerpo de delegados y la representación gremial de un sindicato. Este fue otro de los principales puntos de discusión. “Teníamos que cambiar esto. Hubo una primera movida de parte de un sector que luego fue expulsado. Nosotros no teníamos la organización sólida. Gracias a esos compañeros apareció una segunda línea que terminó siendo la Comisión Interna y la que empezó a trabajar para ver si lográbamos conseguir alguien que nos represente. Necesitábamos una cobertura legal.”
Así fue como los trabajadores comenzaron a juntarse, a conocer también realidades de otros laburantes a partir de encuentros como partidos de fútbol y asados. A compartir y empezar a entender que ese trabajo debía ser defendido y que sus derechos estaban siendo claramente vulnerados. El recorrido para lograr la representación de un sindicato fue arduo, relata Carlos Medina a enREDando. Esto también se detalla con claridad en el libro. Las redes entre el poder patronal y la burocracia sindical quedan evidenciadas en este conflicto y en toda la investigación.
Más allá de esto, la unidad entre los trabajadores y la organización interna y autónoma lograda puertas adentro del Lavadero Virasoro se fue haciendo cada vez más fuerte y esta fuerza logró obtener algunas reivindicaciones mínimas como así también, la reincorporación de un compañero despedido. Finalmente, en el año 2007 se desata el conflicto más duro, a partir de los intentos de la patronal por aislar a los compañeros y quebrar la organización y el incremento de los despidos a compañeros militantes, lo que llevó a la Comisión Interna del Lavadero, conformada luego de varias luchas y reclamos, a parar la empresa e instalar una carpa a modo de protesta. “Durante 6 meses se llegó a tanto solamente por la solidaridad.”, aclara Medina. El apoyo del amplio espectro de las organizaciones sociales fue masivo y contundente. La carpa se transformó en un ícono de resistencia en la ciudad de Rosario. “La carpa se superaba a sí misma, fue el medio y era el fin, cada uno aprendiendo del otro y dejando herencia de eso”. Al mismo tiempo, fue necesario sostener la subsistencia con un fondo de huelga. Para ello, se realizaron festivales, peñas, rifas, recolección de dinero, donaciones. Diferentes estrategias que siempre encontraron la ayuda de toda una red social de personas y organizaciones dispuestas a dar hasta lo que no tenían.
El camino hacia la autogestión
Sin duda, la apuesta de los trabajadores fue grande y el resultado, si bien tuvo como respuesta el despido de 70 compañeros, su mayor fruto fue la autogestión y la fábrica sin patrón. “Había compañeros que entraban a trabajar y duraban 3 días por el solo hecho de que venían del Lavadero Virasoro. En base a esto, surgió la idea de formar una cooperativa ya que eran todos manos especializada, tenían todo el oficio y la experiencia, manejaban las mejores telas, las mejores marcas. Y se empezó a tramitar la cooperativa”.
Para la Editorial Último Recurso, esta investigación simboliza toda una posición política. El compañerismo, la solidaridad, la organización autónoma, la resistencia, en soledad muchas veces, el apoyo de numerosas de organizaciones sociales fueron algunos elementos simbólicos que impulsaron al colectivo editorial a realizar este fenomenal libro de experiencia obrera. Y tal vez, su resultado, sea la esperanza más tangible que encontraron las autoras para motivar la escritura de una lucha que continúa en el tiempo, más allá de todo.
Por ello, Ana Laura Ciccone, Natalia Bentos y Angelina Pagani remarcan sobre el final de su investigación: “La conformación de la Cooperativa Unión Ltda.. constituida por un grupo de trabajadores del Lavadero Virasoro que la patronal decidió descartar, cristaliza no solo la recuperación de una fuente laboral sino también la recuperación del sentido del trabajo, la recuperación de la dignidad y la reivindicación de una ética solidaria”.

