Compartimos a continuación un breve análisis y opinión sobre las características del sistema previsional argentino, tema de plena vigencia dada la amplia difusión que ha recibido la reciente polémica desatada en torno a la posibilidad de que los jubilados perciban el 82% móvil del salario activo. Sin embargo, esa difusión de los grandes medios de comunicación, como algunas propuestas, han estado caracterizadas por un claro sesgo dispuesto a fin de limitar la reflexión, entre otras cosas, sobre la naturaleza del sistema previsional en sí mismo o de las diferentes responsabilidades sociales a la hora de garantizar los ingresos de los trabajadores retirados.
El escrito fue realizado y compartido por uno de los autores que distinguen el fondo de nuestra Editorial, el Lic. en Economía Diego Kofman (autor de Petrocidio, el saqueo del petróleo argentino). Ahora, mediante la lectura, nos pertenece a todas y todos. Esperamos su comentarios, como parte de un necesario debate a darnos.
Jubilaciones: el salario de los trabajadores en su etapa laboral pasiva
Por Diego A. Kofman
Las jubilaciones no pueden verse como una cuestión meramente previsional. El problema del nivel de ingresos de los trabajadores luego del retiro y su financiamiento es una parte indivisible del problema de la distribución del ingreso en Argentina.
Muchas veces se ven las jubilaciones y los aumentos como algo “otorgado” a los jubilados y no como el salario del trabajador en su edad pasiva. Es decir que se pasa por alto que ese ingreso se debe a que esa persona trabajó toda su vida, ya sea en forma remunerada o en forma no remunerada, en blanco o en negro. En cualquiera de estas formas esta persona aportó a la riqueza social del país.
A veces se plantea como algo malo -cuanto menos como un problema- que exista un universo de jubilados que hoy cobran un haber y nunca aportaron, o que no realizaron los aportes suficientes a lo largo de su vida. La subocupación, la desocupación y el trabajo informal y el trabajo en negro son las características que predominan en el mercado laboral de los últimos 30 años. También debemos considerar el trabajo no remunerado de las amas de casa. Pero nadie eligió quedarse desocupado, trabajar informalmente o trabajar en negro. Hubo una política de Estado orientada a colocar a millones de argentinos en esta situación. Además, los fondos de la ANSeS que provienen de los aportes personales de los trabajadores activos no llegan a un tercio del total de fondos del organismo, de modo que el criterio de si se aportó o no es más que insuficiente. Lo cierto es que muchos de estos jubilados hoy están recibiendo el ingreso mínimo ($1000) y eso es algo que debe reconocerse como justo, lo que no implica que no reconozcamos también que es muy poco dinero.
A su vez es importante destacar que el incremento del número de beneficiarios de los últimos años fue acompañado por un incremento aún mayor del número de aportantes lo que elevó considerablemente (un 10%) la relación aportantes/beneficiarios
De todos modos creo que no debe verse el ingreso de los jubilados como una cuestión meramente previsional. El sistema previsional es sólo una herramienta creada para responder a ese problema, pero de ningún modo se puede aceptar que sea la única herramienta posible.
El ingreso de los jubilados es una parte de la problemática de la distribución del ingreso y no debe mirarse como algo aislado. Hay un sólo Ingreso Nacional a partir de donde se da la distribución. Sería erróneo pensar que los fondos del ANSeS son como un PBI aparte de cuyos límites no puede salirse el ingreso de los jubilados.
Entonces es válido pensar en algunos interrogantes:
¿cuánto debe ganar un jubilado hoy en Argentina?, ¿es correcto que unos jubilados ganen más que otros?, ¿cuánto más?, ¿de dónde surge el 82%?, ¿es correcto que con los fondos recaudados por la Anses se financien gastos no jubilatorios?
Y finalmente debemos responder a otra pregunta: ¿cómo financiamos todo esto?
Es importante, entonces, pensar dos elementos:
(1) Los pagos: el monto medio de los haberes y las diferencias de haberes.
(2) El financiamiento: ¿cómo se reparte la carga del sistema entre trabajadores activos, empresarios y recursos fiscales (impuestos)?
Me parece incorrecto que se subestime la importancia del 82 por ciento con el planteo de que es sólo un numerito. El 82 por ciento debe ser valorado por los casi 1000 miércoles que los jubilados llevan marchando, ininterrumpidamente, en la plaza de mayo. Marcharon con Menem, con De la Rua, con Duhalde, con Kirchner y con Cristina Fernández. Un reclamo por un derecho, una lucha histórica protagonizada por esos viejos que en su etapa de trabajadores activos aprendieron que los trabajadores luchan por defender sus derechos y lucharon como trabajadores contra las dictaduras, contra la represión, contra las proscripciones políticas y sindicales.
Pero tampoco creo que el 82 por ciento sea la mejor respuesta al problema del ingreso de los jubilados. Porque de algún modo se estarían manteniendo a perpetuidad las enormes diferencias de ingresos que provienen de la fuerte segmentación del mercado laboral actual. Creo que deben primar los elementos redistributivos.
El aporte personal es parte del salario bruto del trabajador, desde este punto de vista es aceptable la idea de un haber jubilatorio que guarde relación al aporte. Pero el aporte patronal no es parte del salario bruto del trabajador, desde este punto de vista es también aceptable un criterio fuertemente redistributivo entre jubilados para atenuar el problema de que las diferencias salariales se perpetúen luego del retiro. Además un tercio de los fondos de la ANSeS no provienen de aportes ni contribuciones, sino que son recursos fiscales tributarios y no tributarios. De modo que es más que justificable el criterio redistributivo y la inclusión de gastos no previsionales a cargo de la ANSeS como los salarios familiares para trabajadores en blanco o la asignación universal a la infancia (para los hijos de desocupados, trabajadores en negro y personal doméstico).
Acerca de cuánto tiene que ser la jubilación mínima, es necesario que sea lo suficiente como para que el jubilado tenga una vida digna. No encuentro un criterio mejor.
La financiación del régimen debe guardar relación con el criterio redistributivo planteado en los puntos anteriores. Es necesario pensar en un desplazamiento en el peso de los aportes personales en los fondos previsionales por parte de los aportes patronales.
En este sentido sería indispensable la restitución de las contribuciones patronales, por lo menos, a los niveles previos a los cambios introducidos por Domingo Cavallo. La reducción de las contribuciones patronales instrumentada por el menemismo tuvo un impacto negativo sobre el sistema previsional casi del mismo nivel que la pérdida de aportantes por el paso a las AFJP. Las contribuciones pasaron de un 33 por ciento del salario bruto a un 17 por ciento.
Además, hasta tanto se mantengan las características regresivas del sistema impositivo argentino creo que los recursos fiscales deben ir perdiendo importancia en el financiamiento previsional. Es necesario saber que esta fuente de financiamiento fue introducida por la reforma previsional de la última dictadura en reemplazo de las contribuciones patronales. De todos modos, para una mayor sustentabilidad a mediano y largo plazo va a ser necesario pensar seriamente en una reforma tributaria de carácter progresivo y así contar con esta fuente genuina de financiamiento.
*Licenciado en Economía - UNR

