Salvador Allende, quien intentara salvar al pueblo chileno, le puso por nombre a su partido político «Unidad Popular». Qué ironía… ¿saben qué personajes nefastos usurparon ese maravilloso nombre?: el privatizador del club más grande del país y el responsable por los muertos de la Santa Fe inundada de 2003. Reutemann y Macri, hasta hace un rato, se relamían las manos y pensaban dar el batacazo cuando cayera este inoperante gobierno, fundando el nuevo y revolucionario «Unión Popular». Menos mal que Kirchner y su señorita K los frenaron a tiempo, mandando la discusión sobre retenciones al congreso de la nación. Ahora que se arreglen los diputados…
Mientras los dos aristócratas de la nueva Unidad Popular pensaban quedarse con el premio gordo, anoche, gente confundida salía a la calle a golpear cacerolas en un acto golpista organizado por las entidades de desterradores y contaminadores; de los asesinos ricos de la Sociedad Rural, de la Federación Agraria y de los terratenientes federales encabezados por De Angelis, el seudo tataranieto del miserable Urquiza.
Los que tienen la suerte de echar agroquímicos cancerígenos al suelo que cada vez es menos fértil, los que tienen el privilegio de exportar el 90 por ciento de los alimentos que producen, los que viven la gran impunidad de tirar la leche en la ruta, esos criminales que se dan el lujo de comprar uno y otro edifico en mi ciudad porque «ya no confían en los plazos fijos», esos tipos, sí… esos tipos… tienen el coraje de cortar las rutas, de desabastecer a las ciudades de medicamentos y alimentos para los comedores escolares, y ahora tienen el descaro de llamar a la sociedad confundida para que se salga a cacerolear por la defensa de sus ganancias. Quieren derrocar un gobierno que, aunque nefasto y feudal, fue elegido por el voto popular. ¿Por qué, en lugar de ello, no forman un poder político para ganar donde corresponde: en las urnas? En lugar de ello buscan aliarse con corruptos como Macri, Reutemann o Duhalde para desestabilizar a un gobierno que deja caer su imagen a cada paso.
Espero que algún día las cacerolas vacías golpeen por los que menos tienen, en lugar de golpear por el dinero. Que estas latas vacías golpeen para que vuelvan a estar juntas las Madres de Plaza de Mayo, por Santillán y por Kosteki, por Carlitos Fuentealba, para que se vaya Monsanto del país, para que los tobas de Rosario puedan volver con dignidad a su hermosísimo Chaco, para que no haya más narcos en las villas, para que se los juzgue a los punteros políticos, para que las privatizaciones se investiguen y deroguen, para que se haga un reforma agraria —la tierra para quien la trabaja y la habita—. Hasta ahora, los cacerolazos sólo han salido a hacer ruido por el dinero. Muchos dicen que la gente salió a criticar al gobierno, a decirle que ya no se lo quiere y que debe irse. Para criticar y juzgar, pues, hay que participar. No hay que derrocar… hay que vencer. Vencer… Ser oposición y no golpistas. No olvidemos que casi 9 millones de personas votaron a la señorita K. Yo la odio… a ella y todo su gabinete. Pienso en Moreno y en su prolijo INDEC, en Anibal y su capacidad de diálogo desde el ministerio del interior, en Alberto y su sana jefatura de gabinete, en Britos y su confiable Banco Macro, en Carlos Fernández y su independiente ministerio del dinero, en los piqueteros K… A todos ellos creo que algún día les va a llegar la condena más dura. No sé si será por parte de la justicia o de Dios, pero les va a salir carísimo este agravio a la soberanía nacional. Pero no por eso hay que olvidar de dónde venimos. Desde 1983, en nuestro país, tenemos la gran suerte de poder brindar cada año por la democracia, por ese derecho por el cual murieron 30.000 argentinos.
Por favor. No podemos caer tan bajo de ponernos como golpistas a matar a un gobierno, ni mucho menos salir a apoyar a los desterradotes de F.A.A y de la Sociedad Rural. No olvidemos a los gobiernos de facto, no olvidemos los saqueos, no olvidemos. ¿Tan difícil se nos hace el ejercicio de la memoria?
Esperemos ya, por la salud de nuestras instituciones, no volver a oír a las malditas cacerolas en mano de gente que desconoce su poder destructivo.
Si este fuera un texto prolijo, volvería a Allende y cerraría todo con un moñito… pero no… hoy no... tengo sueño y fiebre. Termino con lo de las cacerolas y me acuesto.
Hasta mañana. Espero que entonces se me aclaren las ideas. Hoy estoy confundido y cansado.
Gracias por este espacio de opinión.


Esto es lo q a uno le pasa por escuchar a Carlitos del Frade hasta la medianoche.