-:[fuerzas productivas y tasa de ganancia, por el GPM (Grupo de Propaganda Marxista]:-



Estimado Alberto:

Estimado Alberto:

En el intento de dar respuesta a gran parte de las pocas cartas merecedoras de respuesta que nos llegan, unido a la escasez de tiempo libre, a nuestra limitada capacidad personal, y al igualmente escaso número de quienes integramos el Grupo, es ya cosa habitual que tardemos en contestar.

 

 

1.- PREMISAS Y METODO

Sobre el tema que nos plantea, empezamos por decir que nosotros partimos de la premisa real en cuanto a que la magnitud de plusvalor no puede exceder la extensión de la jornada laboral media. En tal sentido tomamos el ejemplo que Marx expuso en el capítulo XV del libro III apdº 2 de "El Capital", respecto de que, aun cuando pudiera trabajar las 24 horas del día sin hacer otra cosa, un obrero no produciría en ese tiempo límite más plusvalor que 12 compañeros suyos trabajando sólo dos horas. Marx presentó este ejemplo para ilustrar que la tasa de plusvalía tiene unos límites físicos infranqueables, puesto que la jornada de trabajo no puede extenderse más allá de las 24 horas. En realidad, no puede ir más allá del tiempo en que el obrero medio sea capaz de desplegar su fuerza física y mental sin merma ni menoscabo para lo que produce, teniendo en cuenta el grado de intensidad en el esfuerzo al que se le somete.

Otra premisa de la que es preciso partir, se refiere a que el salario está en relación inversamente proporcional a la ganancia, es decir, que al aumentar uno disminuye la otra y viceversa, y que el límite mínimo que el capitalista debe invertir en salarios, está determinado por el mínimo histórico que el obrero necesita para la reproducción de su fuerza de trabajo en condiciones de uso para un rendimiento óptimo (necesidades que varían en cada momento y lugar). El límite máximo está también objetivamente determinado, ya que todo aumento del salario sólo es posible en tanto no disminuya la masa de plusvalor que haga descender la tasa de ganancia hasta un punto en que el capitalista entre en perdidas e inicie el proceso de desinversión. Teniendo en cuenta estos elementos, comprobaremos que la jornada de trabajo, el valor de la fuerza de trabajo y la ganancia, fluctúan dentro de unos márgenes estrictamente acotados. Si nos salimos de ellos, en cualquier supuesto con visos de realidad, estaremos violando las leyes del propio capital y los resultados a que lleguemos serán engañosos y totalmente faltos de veracidad científica.

En "El Capital", Marx utilizó el método explicativo de las aproximaciones sucesivas, partiendo de la categoría más simple -la mercancía- para ir haciendo posible la comprensión de las categorías más complejas en el conjunto del sistema capitalista en funcionamiento, de ahí que, cuando explica la ley de la tasa de ganancia y su tendencia decreciente -incluidos los dos capítulos que hablan de las causas que contrarrestan la ley y el desarrollo de sus contradicciones- no se pueda dar el tema por zanjado, ya que a continuación de esos capítulos sigue incorporando conceptos, como la ganancia comercial, el crédito, la renta territorial etc, como si fueran piezas de un puzle que van aproximando y verificando los conceptos más simples, como el de "valor de uso", "valor de cambio", "valor", "dinero", "división del trabajo", etc., en la medida en que se las va encajando hasta conformar la idea de totalidad.

Para que el ejemplo del cual partimos se acerque más a la vida real, habría que introducir otras muchas variables como las que usted aplica en su ejemplo. Al aumentar la productividad del trabajo disminuyendo la parte de la jornada necesaria a magnitudes de tiempo cada vez menores, el intento de impugnar la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia no se puede realizar omitiendo considerar cuestiones fundamentales.

2.-LOS LÍMITES OBJETIVOS A LA INVERSIÓN EN CAPITAL CONSTANTE

Usted dice: <<... el capitalista siempre incrementará su Capital constante (Cc) en un porcentaje n cuando éste sea inferior al incremento del producto a obtener>>. Por supuesto que toda nueva inversión en una mejora tecnológica tendrá por condición la garantía de un rédito proporcionalmente mayor a la inversión realizada. Pero, juntamente con eso, cada capitalista debe decidir no sólo en función de sus posibilidades reales de inversión, es decir, si la acumulación se lo permite, sino según el carácter específico de cada proceso de producción. Así como sucede con el salario y el plusvalor, la tasa de acumulación también está férreamente determinada y no sólo por lo que usted considera. En tal sentido, cada capitalista sólo incrementará su inversión en trabajo muerto (Capital constante (Cc)), cuando el monto de esa inversión sea inferior, no ya al trabajo vivo que va a desplazar representado en la suma de Capital variable (Cv) +P o producto de valor, sino al valor de la fuerza de trabajo representado en Capital variable (Cv) , es decir, a los salarios, independientemente del valor o cantidad de productos a obtener con el nuevo proceso de trabajo más productivo.[1]

Decíamos que para introducir una mejora técnica, al mismo tiempo que considera los aspectos que acabamos de mencionar, cada capitalista relativiza esas potencialidades productivas a las características técnicas del proceso de producción según las determinaciones del mercado. No es lo mismo producir rosquillas que relojes de oro, y la capacidad de un productor medio es de magnitud inferior a la de un oligopolio. Todo esto entra a la hora de hacer concordar el desarrollo de la fuerza productiva del trabajo con la composición orgánica del capital social global en cada momento preciso del proceso de acumulación. Y ésta es la dificultad de proceder como usted lo ha intentado. Para correlacionar estas dos categorías fundamentales no se puede simplemente suponer según el "sentido común".

3.-INCIDENCIA DESIGUAL DE LA FUERZA PRODUCTIVA
EN EL DESARROLLO DE LOS SECTORES ECONÓMICOS

 

Otra cuestión de importancia no menor. En el ejemplo que usted pone, el aumento histórico de la productividad del trabajo social sólo se muestra compatible con un aumento de la tasa de ganancia, cuando el progreso en la productividad del trabajo incide más en la producción de bienes de consumo final -o sector II como lo definió Marx- que sobre la producción de bienes de equipo, o sector I. De hecho, es al contrario, el aumento de la productividad del trabajo afecta más al sector productor de las máquinas-herramientas que al sector II productor de bienes de consumo final. Por lo tanto, esa desvalorización de las mercancías, afecta sobre todo a las de consumo productivo, es decir, al Capital constante (Cc),por lo que, el costo en máquinas, materias primas y auxiliares, también desciende -y más que proporcionalmente- con el aumento en la productividad del trabajo social. Esta es una de las causas que contrarrestan la tendencia histórica al descenso en la tasa de ganancia. Y esto viene a cuento de que, desde los tiempos de Marx, la parte de la composición del valor del producto global que corresponde a los elementos del capital constante (Cc), es notoriamente mayor respecto del correspondiente al trabajo vivo:

<<La sociedad capitalista emplea una parte más considerable de su trabajo anual disponible en producir medios de producción (ergo, en producir capital constante), los cuales no se pueden resolver en rédito ni bajo la forma del salario ni bajo la del plusvalor, sino que pueden únicamente funcionar como capital>> (K. Marx: "El Capital " Libro II Cap. XX)

4.-FUNDAMENTO DE LA TENDENCIA DECRECIENTE DE LA TASA DE GANANCIA

Teniendo en cuenta, además, que la tendencia al aumento en la composición orgánica del capital se expresa en que el capital variable crece históricamente en términos absolutos, pero disminuye tendencialmente respecto del incremento en el valor del capital constante, el hecho de que el menor valor relativo de lo producido en mercancías de consumo final descienda más que proporcionalmente respecto del contenido en las mercancías que componen el consumo productivo o capital constante, la reproducción del capital global se torna cada vez más improbable, dado que a medida que la productividad del trabajo va abatiendo o disminuyendo la parte de la jornada de trabajo necesario disponible, la posibilidad de seguir avanzando en la misma línea se hace cada vez más dificultosa, porque el capital acumulado crece más rápidamente que el plusvalor.

Para explicar esto último, supongamos una jornada de trabajo de diez horas diarias y una tasa de plusvalía del 100%, la parte de trabajo necesario o salario equivale a 5 horas y otras 5 al plusvalor o trabajo excedente.

Es decir, que el obrero trabaja media jornada de labor (50%) para él y la otra media (50%) para el capitalista:

1/2 + 1/2 = 2/2 = 100%

A partir de estas condiciones, supongamos que la productividad del trabajo se duplica. Ahora, para reproducir su fuerza de trabajo, para vivir un día completo, el asalariado deberá trabajar 1/4 de jornada, la mitad que antes; y eso es lo que le pagará el capitalista.

Pero le seguirá haciendo trabajar las mismas horas convenidas en el contrato de trabajo:

<<Por ende, la economización de trabajo mediante el desarrollo de la fuerza productiva del trabajo, en la economía capitalista de ningún modo tiene por objeto reducir la jornada laboral. Se propone, tan sólo, reducir el tiempo de trabajo necesario para la producción de determinada cantidad de mercancías. El hecho de que el obrero, habiéndose acrecentado la fuerza productiva de su trabajo, produzca, por ejemplo, en una hora, 10 veces más mercancías que antes, o sea, que para fabricar cada pieza de mercancía necesite 10 veces menos tiempo de trabajo que antes, en modo alguno impide que se le haga trabajar doce horas, como siempre, y que en las doce horas deba producir 1.200 piezas en vez de las 120 de antes>> (K. Marx: "El Capital" Libro I Secc. Cuarta Cap. X)

La diferencia entre 1/2 y 1/4 = 1/4, corresponde a la transformación de trabajo necesario en excedente a raíz del incremento en la fuerza productiva del trabajo.

En este punto del proceso, el capitalista se habrá apropiado 1/4 de jornada más respecto del plusvalor de origen que era de media jornada = 2/4 y que ahora pasa a ser de 2/4 + 1/4 = 3/4.

Ahora, para vivir un día, el asalariado debe trabajar 3/4 de jornada para el patrón y sólo 1/4 para él.

Si observamos esto más detenidamente, veremos que la fuerza productiva del trabajo se ha duplicado, pero el plusvalor sólo se ha incrementado en 1/4 de la jornada laboral, sólo ha reducido el remanente de trabajo necesario en esa fracción. Esto es así, porque la proporción en que la fuerza productiva del trabajo incrementa el valor del capital, depende de la relación originaria entre trabajo necesario y trabajo excedente:

<<El trabajo objetivado que está contenido en el precio de la fuerza de trabajo, es siempre igual a una fracción del día completo, está siempre expresado aritméticamente en la forma de un quebrado, es siempre una proporción numérica, nunca un número simple>> (K. Marx: "Grundrisse" III)

¿Por qué debe ser así? Porque, como sucede con toda proporción, la magnitud en que puede variar el tiempo de trabajo excedente respecto del trabajo necesario, está condicionada o limitada por la magnitud total de la jornada laboral, el 100%.

Si sobre la primera consideramos una segunda duplicación de la fuerza productiva del trabajo, el salario, que se había reducido ya a 1/4, disminuirá ahora a la mitad, a 1/8 de la jornada laboral, mientras que

el plusvalor ascenderá de 3/4 ó 6/8 a 7/8 = 0,25, esto es, menos que antes, que era de 1/4 a 3/4 = 0,50.

En el límite, si el salario o trabajo necesario se hubiera reducido ya a 1/1.000 = 0,001, la plusvalía total sería 999/1.000 = 0,999. Es decir, que para aumentar el plusvalor en menos de una milésima de tiempo,

el capital debería aumentar la productividad del trabajo mil veces más.

Y si sobre esta progresión la fuerza productiva se multiplicara por 1000, el trabajo necesario descendería a 1/1.000.000 del día de trabajo, mientras que el plusvalor aumentaría en 1/1.000 - 1/1.000.000 o sea 0,001 - 0,000001 = 0,0000999 ó 999/1.000.000. En este caso, para aumentar el plusvalor en 0,0000999 de tiempo, la productividad del trabajo debería multiplicarse un millón de veces.

De esto se desprende que, cuanto mayor sea al plusvalor ya capitalizado y, por tanto, menor la fracción de la jornada de trabajo necesario o salario del obrero que resta capitalizar, tanto menor será el incremento del plusvalor que el capital obtendrá del progreso de la fuerza productiva del trabajo. El plusvalor aumenta, pero en proporción crecientemente menor al desarrollo de la fuerza productiva del trabajo:

<<Es decir, que cuanto más desarrollado está ya el capital, cuanto más plustrabajo ha creado ya, tanto más formidablemente tiene que desarrollar la fuerza productiva, para autovalorizarse en una pequeña proporción, es decir, para aumentar la plusvalía, ya que su límite continúa siendo siempre la relación entre la fracción del día de trabajo que expresa el trabajo necesario y el día de trabajo completo>>. (K. Marx: Op. Cit.)

En el ejemplo que usted ofrece, esa relación antes del aumento en la productividad del trabajo, es del 40% (600/1500), lo cual quiere decir que, para llegar al límite de la jornada entera, para convertir todo el trabajo necesario en excedente, falta este 40% de la jornada laboral. Después del aumento de la productividad que usted fija en el 20%, la relación entre el trabajo necesario y la jornada entera sube un 20% (480/1500), y para que el capital se apodere de la jornada entera sólo falta el 32%. De todo esto resulta que, para convertir 8 puntos porcentuales de trabajo necesario en excedente, el capital ha debido aumentar la productividad en 20 puntos porcentuales, exactamente el 250% más.

Tal es la situación siempre bajo el supuesto de una jornada de labor constante. Pero el caso es que, con el aumento en la composición orgánica del capital, esto es, con la utilización de más y mejores máquinas, el trabajo físico y mental por unidad de tiempo aumenta su ritmo y se intensifica. En general, la producción de plusvalor relativo consiste en poner al asalariado en condiciones de producir más plusvalor con el mismo gasto de energía vital en el mismo tiempo. La intensificación del trabajo consiste en producir más con un mayor gasto de fuerza de trabajo por unidad de tiempo. Por lo tanto, intensidad y extensión del trabajo se contradicen lógicamente dando pábulo a la ley según la cual la eficiencia de la fuerza de trabajo está en razón inversa al tiempo en que opera, pero esta ley no se resuelve como en la física, sino históricamente, a instancias de la lucha de clases:

<<Con todo, se comprende fácilmente que en el caso de un trabajo que no se desenvuelve en medio de paroxismos pasajeros, sino de una uniformidad regular, reiterada día tras día, ha de alcanzarse un punto nodal en que la extensión de la jornada laboral y la intensidad del trabajo se excluyan recíprocamente, de tal modo que la prolongación de la jornada sólo sea compatible con un menor grado de intensidad en el trabajo, y, a la inversa, un grado mayor de intensidad sólo pueda conciliarse con la reducción de la jornada laboral. (K.Marx: "El Capital" Libro I Sección cuarta Cap. XIII)

La síntesis o resolución dialéctica de esta contradicción entre intensidad y extensión del tiempo de trabajo, se está todavía procesando a través de la lucha de clases, donde cada aumento en los ritmos de trabajo determinados por el desarrollo tecnológico, para arrancar al asalariado más plusvalor en el mismo tiempo mediante la combinación de la velocidad de procesamiento de las maquinas y del mayor número de máquinas que debe atender cada operario, es negado por el estress, bajo la forma de costes insostenibles en enfermedades causadas indirectamente por él, como el tabaquismo y las drogas asociadas a enfisemas y cáncer de pulmón, arteroesclerosis, episodios cardiovasculares, cirrosis, delirium tremens, etc., aumento espectacular en los accidentes de trabajo, pérdidas por errores en la actividad laboral, sabotajes a la producción, ausentismo y huelgas. Según reporta el diario "El País" en su edición del 26/11/02, el coste del estrés en Europa asciende a 21.000 millones de Euros, aunque no aclara que tipos de daños personales y materiales comprende.

Ante semejante dinámica, esta contradicción presidida por el polo dialéctico burgués de la intensidad, determinó que, junto a la medida de tiempo de trabajo como "magnitud de extensión", apareciera la medida del "grado de condensación" como magnitud de la intensidad, marcando la tendencia a un aumento del trabajo necesario remunerado en el sentido de que:

<<La hora más intensiva de la jornada laboral de 10 horas, contiene ahora tanto o más trabajo, esto es, fuerza de trabajo gastada, que la hora más porosa de la jornada laboral de 12 horas. Por consiguiente, su producto tiene tanto o más valor que el de 14 horas de esta última jornada, más porosa>> (K.Marx. Op.cit.)

La demanda efectiva o satisfecha por aumento de salarios determinada por la ley del valor para la jornada de trabajo más intensiva, para cada patrón no supuso una causa contrarrestante a la lógica objetiva del capital tendente a convertir todo el trabajo necesario posible en excedente a los fines de la acumulación, pero sí para el conjunto de la burguesía, porque el número alarmante de accidentes de trabajo amenazó con esquilmar la fuerza de trabajo con el consiguiente perjuicio económico para la burguesía en su conjunto, lo cual indujo en Marx a anunciar la siguiente previsión:

<<No cabe la mínima duda de que la tendencia del capital -no bien la ley le veda de una vez para siempre la prolongación de la jornada laboral-, a resarcirse mediante la elevación sistemática del grado de intensidad del trabajo y a convertir todo perfeccionamiento de la maquinaria en medio para un mayor succionamiento de la fuerza de trabajo, pronto hará que se llegue a un punto crítico en el que se volverá inevitable una nueva reducción de las horas de trabajo. Entre los obreros fabriles de Lancashire, ha comenzado en estos momentos (1867) la agitación por las ocho horas>> (K. Marx: Ibid.)

Dado que la lucha económica entre obreros y patronos está presidida por la ley general de la acumulación capitalista, respecto de la cual a los asalariados sólo les cabe la función contestataria o defensiva frente a la permanente ofensiva e iniciativa explotadora de la burguesía, lo que hace a la postre esta contradicción entre extensión e intensidad del trabajo, es acelerar la tendencia al derrumbe del sistema capitalista, porque la violenta aceleración de los ritmos para producir más plusvalor por unidad de tiempo, ha ido siempre por delante de las noxas sociales y la no menos violenta respuesta de los asalariados.

Según esta lógica objetiva, en el hipotético caso -para muchos hoy día inimaginable- de que el tiempo durante el cual se reproduce el valor de la fuerza de trabajo en la sociedad se redujera a un segundo, esto supondría la práctica generalización de la robótica al proceso productivo, donde la relación de intercambio entre capital y trabajo desaparecería como fundamento absoluto de la producción capitalista en casi todas las ramas de la industria, junto con el valor, los precios de las respectivas mercancías, el dinero y las categorías sociales mismas de burguesía y proletariado, que así quedarían carentes por completo de sentido económico, social y cultural. Pero a semejante realidad sólo pueden llegar los asalariados negándose a sí mismos para convertirse en productores libres asociados, si es que mucho antes de esto no demuestran como asalariados conscientes ser capaces de echar a los burgueses del poder político y administrar la transición hacia la nueva sociedad sin clases de ese futuro científicamente previsto.

 

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