Enviado por -:[colaborador]:- el Mié, 04/23/2008 - 08:45.
Una jaula dentro de otra
Dando paso a las preguntas y a la reflexión sobre los derechos humanos, y en especial a los de todas las mujeres, el lunes 10 de marzo se presentó la obra teatral “La Jaula” en la Unidad de Detención de Mujeres Nº 5 de Rosario. Reivindicando la lucha por la igualdad de oportunidades y la necesidad de juntarse para lograrlo.
Son casi las diez y la mañana está bastante fresca, una invitación especial nos trajo hasta aquí. Para llegar hasta el punto de encuentro tuvimos que presentar los documentos, dejar los bolsos, teléfonos celulares y traspasar cuatro puertas con candados y vigilancia. Ingresamos entonces a un espacio con reglas propias, diseñado para la disciplina y el castigo de los cuerpos. Un territorio oculto, generalmente habitado por personas a las que el sistema les negó proyectos de vida.
Estamos en Ingeniero Thedy al 300 bis, a tres cuadras del Alto Rosario Shopping pero a una distancia abismal de ese universo de consumo y de cuerpos maquillados. En este lugar los días suelen ser indistintos ya que la espera desdibuja los almanaques, pero esta vez el lunes tiene otro tono porque trae consigo la sorpresa de escenas que están por suceder en el marco del Día Internacional de la Mujer.
En el patio de cemento se ven movimientos poco habituales, cajas, paneles, dos chicos acomodando una escenografía; y esas paredes húmedas y resquebrajadas pintadas en el lienzo, se funden con las de ladrillo que están detrás. Algunas chicas están levantadas desde temprano, pava en mano hacen circular el mate dulce, suben el volumen y “La Nueva Luna” termina de despertar a las demás. Un par de compañeras se ponen a bailar cumbia cruzada y otras acomodan las sillas y bancos e invitan a los presentes a tomar asiento.
Rosa aparece en escena y la historia se echa a andar. Poco a poco las artistas van presentando la vida de cinco mujeres obreras de una multinacional de productos farmacéuticos. Mujeres que enfrentan la miseria y la explotación. Historias enlazadas por la solidaridad y la lucha hacia la igualdad de derechos y oportunidades, en un mundo dominado por hombres pero yugado de igual a igual. “La Jaula” es una obra pensada y realizada para las mayorías, se muestra clara y profunda, exponiendo situaciones paridas por las injusticias.
En el espacio escénico cinco mujeres encarnan la historia de tantas miles. Denuncia y posibilidad se cruzan a lo largo de las acciones, ambientadas en Sao Paulo (Brasil) en la década del ‘70. Y de este lado de la obra, donde los muros también se erigen muy altos, las chicas del público –para quienes se ha organizado la actividad- comentan que nunca antes vieron una obra “tan real”, “tan sufrida, así como nos pasa acá adentro” y en enseguida se involucran en los diálogos y situaciones representadas. “El pobre nació para sufrir”, afirma Teresa, pálida, agotada de trabajar en el sótano de esa fábrica que le robó la vida y hasta las ganas de soñar. “Uno no tiene derecho ni a usar la ley”, refiere Cleusa reclamando por las condiciones de trabajo. “El pobre está empezando todos los días”, dice Rosa y comenta los problemas que tiene con su marido alcohólico y los malabares que hace para mantener a sus hijos.
Siguiendo esas realidades, las internas de la Unidad de Detención de Mujeres Nº 5, asienten con la cabeza, sentadas en este patio donde el sol siempre se ve rayado. Se ve surcado de rejas que anulan segundas oportunidades, que aplastan la subjetividad de cada mujer que allí transcurre sus días y años. “Ellas en el trabajo estaban privadas de los derechos, nosotras acá estamos privadas de la libertad, y también nos privan de muchos derechos”, sostiene Mariela, de 26 años, y explica que acaba de enviarle una carta a la presidenta Cristina Kirchner para que se revea su condena a cadena perpetua.
“Tenemos derechos porque somos personas, nos llegó la obra por eso, estuvo re buena. Cada mujer se mostraba como era, y al final la unión lo puede todo, a pesar del sufrimiento. Ese trabajo era una cárcel, nosotras acá también trabajamos, muchas tienen hijos y no nos alcanza con lo que cobramos”, expresa Pamela, gritándole a las protagonistas que no se olviden de venir a actuar de nuevo. Alrededor de 50 mujeres se encuentran detenidas en la Unidad Nº 5. Según nos comentan, la mayoría trabaja limpiando o haciendo moldes de pan dulces, entre otras tareas. “Con lo que ganamos compramos nuestras cosas de higiene, toallitas, protectores, además ayudo a mi hijo en todo lo que puedo, gano $130 por mes. La provincia nos manda las cosas de higiene y no sabemos dónde quedan, entonces la tenemos que comprar por nuestra cuenta”, testimonia Mariela.
“No tenemos a nadie que nos respalde, si hacemos huelga siempre llevamos la de perder. Hay gente afuera que no sabe lo que estamos pasando acá adentro”, sentencia Pamela y reflexiona en voz alta. “Por suerte desde el año pasado se empezó a mover un poco más el tema de las mujeres, desde que empezó a venir Valeria con el taller de tejido. Igualmente hay muchas cosas que son injustas y que nos da bronca e impotencia de no poder hacer nada, y no tener quién nos escuche o nos de una mano. Los hombres en la cárcel tienen todo tipo de talleres y nosotras acá no hacemos casi nada, estamos todo el tiempo mirando las rejas. Espero que este año se acuerden que las mujeres también tenemos derechos”.
Abriendo jaulas...
De la mano del “Grupo Manuelita”, este lunes 10 de marzo se presentó la obra teatral “La Jaula. Vida, sueños y luchas de nuestra clase obrera”, en la Unidad de Detención Nº5 de mujeres, en el marco de las actividades programadas en conmemoración del Día Internacional de la Mujer.
Los artistas fueron invitados por un grupo interdisciplinario de jóvenes que viene desarrollando distintos trabajos en cárceles con la intención de “buscar maneras de hacer para defender los derechos humanos de las personas privadas de la libertad, acercar miradas, aprender entre todos, generar espacios de libertad y pensar en el afuera desde el adentro, afirmando la necesidad de construir herramientas para y con la firme convicción de que toda persona privada de su libertad debe necesariamente defender sus derechos esenciales, los cuales son cotidiana y sistemáticamente violados por el dispositivo carcelario”, según detallan en su proyecto que apunta a desarrollar herramientas de transformación colectiva. El equipo a la vez viene trabajando en la cárcel de Coronda y en Unidad Nº 3 de Varones de nuestra ciudad.
Por su parte, la obra “La Jaula” (de José Luís Andreone y Julián Romeo), se halla inscripta dentro de los lineamentos del teatro épico de Bertol Brecht e intenta, a través de la estética y de las técnicas utilizadas, que los espectadores tengan la posibilidad de realizar un análisis crítico de la realidad.
“La elección de este tipo de teatro no es caprichosa, sino que lo elegimos porque somos concientes y estamos convencidos del compromiso entre arte y sociedad, y porque intentamos proponer no solo un placer estético o mero entretenimiento sino, además, una instancia de reflexión individual y también colectiva, utilizando la obra como disparadora de un debate posterior a la representación”, aseguran. El grupo está integrado por las actrices Jorgelina Rojo, Lucrecia Panzia, Carmen Alday, Lucia De Vincenti y Verónica Mirabet; Carolina Diaz Kelly está a cargo del sonido y la dirección es de Lucas Cristófaro.
Una jaula dentro de otra
Dando paso a las preguntas y a la reflexión sobre los derechos humanos, y en especial a los de todas las mujeres, el lunes 10 de marzo se presentó la obra teatral “La Jaula” en la Unidad de Detención de Mujeres Nº 5 de Rosario. Reivindicando la lucha por la igualdad de oportunidades y la necesidad de juntarse para lograrlo.
Son casi las diez y la mañana está bastante fresca, una invitación especial nos trajo hasta aquí. Para llegar hasta el punto de encuentro tuvimos que presentar los documentos, dejar los bolsos, teléfonos celulares y traspasar cuatro puertas con candados y vigilancia. Ingresamos entonces a un espacio con reglas propias, diseñado para la disciplina y el castigo de los cuerpos. Un territorio oculto, generalmente habitado por personas a las que el sistema les negó proyectos de vida.
Estamos en Ingeniero Thedy al 300 bis, a tres cuadras del Alto Rosario Shopping pero a una distancia abismal de ese universo de consumo y de cuerpos maquillados. En este lugar los días suelen ser indistintos ya que la espera desdibuja los almanaques, pero esta vez el lunes tiene otro tono porque trae consigo la sorpresa de escenas que están por suceder en el marco del Día Internacional de la Mujer.
En el patio de cemento se ven movimientos poco habituales, cajas, paneles, dos chicos acomodando una escenografía; y esas paredes húmedas y resquebrajadas pintadas en el lienzo, se funden con las de ladrillo que están detrás. Algunas chicas están levantadas desde temprano, pava en mano hacen circular el mate dulce, suben el volumen y “La Nueva Luna” termina de despertar a las demás. Un par de compañeras se ponen a bailar cumbia cruzada y otras acomodan las sillas y bancos e invitan a los presentes a tomar asiento.
Rosa aparece en escena y la historia se echa a andar. Poco a poco las artistas van presentando la vida de cinco mujeres obreras de una multinacional de productos farmacéuticos. Mujeres que enfrentan la miseria y la explotación. Historias enlazadas por la solidaridad y la lucha hacia la igualdad de derechos y oportunidades, en un mundo dominado por hombres pero yugado de igual a igual. “La Jaula” es una obra pensada y realizada para las mayorías, se muestra clara y profunda, exponiendo situaciones paridas por las injusticias.
En el espacio escénico cinco mujeres encarnan la historia de tantas miles. Denuncia y posibilidad se cruzan a lo largo de las acciones, ambientadas en Sao Paulo (Brasil) en la década del ‘70. Y de este lado de la obra, donde los muros también se erigen muy altos, las chicas del público –para quienes se ha organizado la actividad- comentan que nunca antes vieron una obra “tan real”, “tan sufrida, así como nos pasa acá adentro” y en enseguida se involucran en los diálogos y situaciones representadas. “El pobre nació para sufrir”, afirma Teresa, pálida, agotada de trabajar en el sótano de esa fábrica que le robó la vida y hasta las ganas de soñar. “Uno no tiene derecho ni a usar la ley”, refiere Cleusa reclamando por las condiciones de trabajo. “El pobre está empezando todos los días”, dice Rosa y comenta los problemas que tiene con su marido alcohólico y los malabares que hace para mantener a sus hijos.
Siguiendo esas realidades, las internas de la Unidad de Detención de Mujeres Nº 5, asienten con la cabeza, sentadas en este patio donde el sol siempre se ve rayado. Se ve surcado de rejas que anulan segundas oportunidades, que aplastan la subjetividad de cada mujer que allí transcurre sus días y años. “Ellas en el trabajo estaban privadas de los derechos, nosotras acá estamos privadas de la libertad, y también nos privan de muchos derechos”, sostiene Mariela, de 26 años, y explica que acaba de enviarle una carta a la presidenta Cristina Kirchner para que se revea su condena a cadena perpetua.
“Tenemos derechos porque somos personas, nos llegó la obra por eso, estuvo re buena. Cada mujer se mostraba como era, y al final la unión lo puede todo, a pesar del sufrimiento. Ese trabajo era una cárcel, nosotras acá también trabajamos, muchas tienen hijos y no nos alcanza con lo que cobramos”, expresa Pamela, gritándole a las protagonistas que no se olviden de venir a actuar de nuevo. Alrededor de 50 mujeres se encuentran detenidas en la Unidad Nº 5. Según nos comentan, la mayoría trabaja limpiando o haciendo moldes de pan dulces, entre otras tareas. “Con lo que ganamos compramos nuestras cosas de higiene, toallitas, protectores, además ayudo a mi hijo en todo lo que puedo, gano $130 por mes. La provincia nos manda las cosas de higiene y no sabemos dónde quedan, entonces la tenemos que comprar por nuestra cuenta”, testimonia Mariela.
“No tenemos a nadie que nos respalde, si hacemos huelga siempre llevamos la de perder. Hay gente afuera que no sabe lo que estamos pasando acá adentro”, sentencia Pamela y reflexiona en voz alta. “Por suerte desde el año pasado se empezó a mover un poco más el tema de las mujeres, desde que empezó a venir Valeria con el taller de tejido. Igualmente hay muchas cosas que son injustas y que nos da bronca e impotencia de no poder hacer nada, y no tener quién nos escuche o nos de una mano. Los hombres en la cárcel tienen todo tipo de talleres y nosotras acá no hacemos casi nada, estamos todo el tiempo mirando las rejas. Espero que este año se acuerden que las mujeres también tenemos derechos”.
Abriendo jaulas...
De la mano del “Grupo Manuelita”, este lunes 10 de marzo se presentó la obra teatral “La Jaula. Vida, sueños y luchas de nuestra clase obrera”, en la Unidad de Detención Nº5 de mujeres, en el marco de las actividades programadas en conmemoración del Día Internacional de la Mujer.
Los artistas fueron invitados por un grupo interdisciplinario de jóvenes que viene desarrollando distintos trabajos en cárceles con la intención de “buscar maneras de hacer para defender los derechos humanos de las personas privadas de la libertad, acercar miradas, aprender entre todos, generar espacios de libertad y pensar en el afuera desde el adentro, afirmando la necesidad de construir herramientas para y con la firme convicción de que toda persona privada de su libertad debe necesariamente defender sus derechos esenciales, los cuales son cotidiana y sistemáticamente violados por el dispositivo carcelario”, según detallan en su proyecto que apunta a desarrollar herramientas de transformación colectiva. El equipo a la vez viene trabajando en la cárcel de Coronda y en Unidad Nº 3 de Varones de nuestra ciudad.
Por su parte, la obra “La Jaula” (de José Luís Andreone y Julián Romeo), se halla inscripta dentro de los lineamentos del teatro épico de Bertol Brecht e intenta, a través de la estética y de las técnicas utilizadas, que los espectadores tengan la posibilidad de realizar un análisis crítico de la realidad.
“La elección de este tipo de teatro no es caprichosa, sino que lo elegimos porque somos concientes y estamos convencidos del compromiso entre arte y sociedad, y porque intentamos proponer no solo un placer estético o mero entretenimiento sino, además, una instancia de reflexión individual y también colectiva, utilizando la obra como disparadora de un debate posterior a la representación”, aseguran. El grupo está integrado por las actrices Jorgelina Rojo, Lucrecia Panzia, Carmen Alday, Lucia De Vincenti y Verónica Mirabet; Carolina Diaz Kelly está a cargo del sonido y la dirección es de Lucas Cristófaro.