La siguiente es una entrevista realizada a Pancho, ex miembro de OCPO (Organización Comunista Poder Obrero), realizada en el año 2005, por tres compañeros de la Editorial.
El móvil principal que nos llevo hasta la ciudad donde vive Pancho fue conocer un poco más acerca de esta organización tan poco difundida.
Agradecemos al compañero que nos hizo el contacto y nos dió alojo durante esos días!!!
Ultimo Recurso- La idea de investigar sobre OCPO surge de considerar que hay escasa información, y que casi no hay bibliografía sobre la organización.
Entrevistado: ¿El proyecto de la editorial cual seria?
UR-Un poco reflotar la relación entre política y acción armada que hubo en los setenta, volver a tocar esos temas que son medio tabú. La idea es, ofrecer un panorama lo más completo posible que podamos reflejar de esos años en que, o se tiene muy poca información, o esta polarizada en torna hacia otras figuras u organizaciones. La cuestión de la violencia, de todo el proceso histórico que tiene mucho que ver con cosas que no eran específicamente o puntualmente hechos de violencia armada. Y si con una definición política con un nivel de organización popular muy grande. Y como que se niega todo a partir de la consolidación de la democracia. Entonces la idea nuestra, también es, poder mirar al pasado y reconocerlo tal cual fue, poder tener una mirada más abarcadora y más detallada.
E-Yo no he leído prácticamente nada de la literatura que hay escrita por militantes... Caparros y todos. ¿Ustedes han leído? Ahí debe haber bastante información sobre todo este proceso, pero yo sólo conozco algunas cosas.
UR- Si…algo claro que hemos leído, la voluntad y otras publicaciones, revistas.
Por eso, la idea ahora sería hablar lo que vos nos quieras contar a modo de entrevistas, creemos en ellas como herramienta de trasmisión y de enseñanza. Mas allá de que tenemos pensado realizar en el tiempo una investigación mas profunda sobre OCPO, éste nos pareció un muy buen comienzo.
E-Si me parece bien, creo que hacen falta investigaciones de ese periodo, una investigación desprejuiciada de cómo surgen las distintas tendencias que no es algo que nadie tenga demasiado en claro. Siempre que le preguntas a la gente de diferentes tendencias, los palos son para los otros y las flores son para uno.
UR-Una pregunta para arrancar es como surge OCPO?
E- Bueno yo les voy a dar una información fragmentaria, yo tengo una idea de cómo surge acá en santa fe, eran épocas en que uno no se detenía demasiado a conocer una organización política, y tampoco se podía conocer como hoy que todo es legal, de donde viene cuales son sus integrantes.
Hay otras organizaciones que tienen una historia bastante mas estructurada, entonces uno puede conocer a través de sus documentos de origen, (porque esta todo documentado) el desarrollo que tuvo. En el caso nuestro es una organización mucho mas chica, y como además yo dejo de tener información más o menos fluida en la época en que yo caigo preso y a partir de ahí, hubo mas incorporaciones, fusiones, cambios de tácticas, bueno eso yo lo conozco muy de oídas.
Y quizás por esto debe haber una investigación de este tipo, pero de seguro ésta requeriría entrevistar otra gente, hay un compañero de entre Ríos que viene desde Poder Obrero.
El origen de Poder Obrero es la FAL las Fuerzas Argentinas de Liberación, que son un desprendimiento de lo que era el aparato militar del PC por lo menos una parte de la gente que lo forma en Bs.As, con una concepción netamente foquista es gente que se desprende del aparato militar del PC y que en el ‘67 ‘68 realizan algunas acciones de obtención de armas y de financiamiento, al principio sin firmarlas, después comienzan a firmarlas a partir de una operación de obtención de armas en el instituto ---- militar aparece la firma.
Bueno ese origen tengo entendido que en la revista los setenta salio mejor en profundidad y extensión.
UR-Si, si podemos conseguirla…
E-Bueno esa organización, establece posteriormente una regional en rosario y para ese entonces empieza a incorporarse o a tener conversaciones políticas con gente que había pertenecido a lo que se llamo Movimiento de Universitarios con una formación intelectual marxista bastante sólida, creo que ahí estaba Rozitchner en MALENA, movimiento de liberación nacional. Y a partir de ahí se contactan con gente universitaria de Rosario y de Santa Fe.
Ahí empieza un proceso que evidentemente ya no era el de los fundamentos basados sólo en el foquismo, sino que empieza un proceso de liberación política que sin embargo sigue teniendo un carácter foquista hasta los ‘70 ‘70 y algo.
Ahí en esta regional: Rosario, Santa Fe, Bs As no lo tengo tan claro, comienza un mínimo trabajo de frente de masas, frente estudiantil, obrero acá en laguna Paiva, ferroviarios, algún que otro sindicato como el bancario en Rosario. Digamos así muy pequeño, no hay tanto algún trabajo en la universidad hacia el ‘73 más o menos en Santa Fe existía una organización universitaria que tenía bastante desarrollo por esa época que se llamaba grupo de base. GB tenia una militancia bastante activa era una agrupación de izquierda independiente y había conseguido bastante inserción en la universidad.
Bueno los GB se incorporan fines del ‘73 a lo que ya por ese entonces se llama Organización Revolucionaria Poder Obrero,que seguía constituida por ese viejo núcleo este de las FAL, con algunas incorporaciones de viejos militantes del peronismo revolucionario que habían participado de la FAP aunque mas bien era la gente que había estado vinculada con el movimiento de Masetti en Salta.
Pero muy puntuales las incorporaciones, así, algunos individuos. Y empieza por un proceso de crítica al foquismo, toda una discusión interna, donde se lo critica firmemente y comienza un proceso de fijación de una estrategia que apunta hacia una política de masas insurreccionalista, por ese entonces, la principal fracción de insurreccionalismo era el PCR, del ‘68 ’69, posteriormente ellos hacen un giro hacia una especie de delegación de la estrategia de la revolución china y modifican la visión sobre la alianza de clases y demás que es allá por el ‘74.
Ese proceso de discusión culmina con un documento que nadie encuentra, en donde se hacia una caracterización de las clases de carácter urbano como el sujeto revolucionario, por lo tanto la necesidad de una estrategia de carácter urbano en contraposición a las estrategias de guerrilla rural, y a partir de esa documentación se empiezan a tener alianzas con grupos de tres regionales, de otras zonas y a través de GB con Paraná.
Empieza una relación bastante intensa con el grupo El Obrero de Córdoba, que era un grupo de extracción universitaria con una fuerte formación teórica, mucha actividad en el frente universitario y con alguna actividad en los sindicatos.
Esa relación lleva a reelaboraciones de carácter estratégico que no quedan plasmado en periódicos que yo recuerde en ningún documento importante.
El Obrero tenia una visión mucho mas política de toda la actividad, a diferencia de Poder Obrero, que venia de una cosa mucho mas vitalista, es a raíz de la incorporación de El Obrero, que se discute la incorporación al frente antiimperialista por el socialismo el FAS, este proceso estoy hablando del ‘72 ‘73 ya mediados del ‘73 estaban fusionados Poder Obrero con El Obrero y por esa época también se incorpora a la discusión, y después orgánicamente, un grupo de gente que se llamaban Lucha Comunista, con trabajo en Mendoza y en Bs.As donde también había algunas personalidades de mucho desarrollo teórico es decir que llegamos el ‘74, y es ahí a donde toma el nombre de organización comunista poder obrero con otro grupo un cuarto que era el MIR.
Estos cuatro grupos son los que en el ‘74 terminan conformando OCPO, el ‘74 es el año del congreso del FAS, el congreso de Rosario se discute la permanencia o no dentro del FAS no había ni estratégicamente ni políticamente coincidencia con le gente del PRT, había un poco mas de coincidencia con la gente de Jaime, que era un movimiento del peronismo de base y que se había incorporado al frente con poco peso numérico.
La tendencia general de FAS apuntaba para un lado y a nosotros nos parecía que nos quitaba identidad política estar ahí, y realmente no había demasiada coincidencia estratégica salvo en cuestiones generales, así que a mediados del ‘74 Poder Obrero se retira del FAS y hasta ahí mas o menos llego yo, después y esto debe ser en el ‘75 se crea un brazo armado haciendo una actividad de financiamiento y se toma ahí la decisión de formar un aparato militar con estructura que se llama brigadas rojas eso ya te digo yo lo conozco dentro de la cárcel.
Después se viene el golpe. Sintéticamente ese es el proceso de formación y sintéticamente también, cuál era la diferencia con otras organizaciones un poco mas organizadas como era el PRT, Poder Obrero tenia una visión mas clasista del proceso revolucionario, digamos tanto Montoneros, como PRT por distintas cuestiones teóricas y de origen se plantaban mas desde posiciones nacionalistas, sea desde un bloque de clases mucho mas influyente.
Poder obrero por lo menos hasta que yo conocí su evolución teórica tenia un carácter mas clasista, tenia además la pretensión de hacer un desarrollo teórico autónomo, pensando que le estrategia del PRT era mucho mas tributaria de la revolución vietnamita con por ahí el último período una contribución de stalinismo, Montoneros con una raíz en el Guevarismo, y con la historia del peronismo no se preocupaban demasiado por tener desarrollo teórico, eran mucho más empíricos, su participación en el proceso político, y después tenías el PCR que hasta el ‘71 mas o menos tenia una línea teórica muy leninista en cuanto a su estrategia y después cuando se apoyan en la revolución china, pasa a ser una cosa muy rara, muy rara digo para el contexto argentino, que creaba bastante confusión en los frentes donde ellos tenían bastante trabajo.
Y la pretensión que tenía Poder Obrero era de hacer un desarrollo teórico autónomo, una intensión porque no hubo tiempo ni se dieron las condiciones, pero yo creo que eso lo distingue incluso del troskismo, pero claro el troskismo también estaba muy disciplinado en los textos del troskismo.
UR: En este intento de generar un desarrollo teórico,¿qué lectura se hacia del peronismo?
E: Bueno fue variando, desde un casi desconocimiento del fenómeno Peronista, hasta una comprensión, en donde se estaba en un proceso con voluntad de interpretar el fenómeno del peronismo, y no había ningún rasgo antiperonista en la propaganda política, se diferenciaba muy bien lo que era el lopezreguismo, de la masa peronista, se requería un desarrollo autónomo. O sea había una actitud de tomarlo como un fenómeno serio a estudiar pero no se avanzó más que eso.
UR: ¿Qué relación tenían con las organizaciones?
E: Y diré que con quienes mas teníamos relación era con el peronismo de base, que teníamos puntos de vista de táctica política coincidentes, es decir con el peronismo de base había una buena onda, con montoneros no había relación orgánica, sacando los encuentros en algún frente pero no existía una relación oficial.
UR: ¿Qué acción política tenían en la cuestión sindical y en donde se encontraba eso?
E: Mira la acción política era mas o menos similar en toda la organización, era construir una herramienta el la lucha contra el poder burocrático, era el mecanismo captado así para toda la organización, lo cual permitía el contacto a través con otras organizaciones, y se trabajaba mucho en relación al eje democracia o burocracia en la clase obrera, quizás en eso también con el trosquismo.
El lugar a donde tuvo mas desarrollo, lo de Córdoba no lo conozco bien, y de acá había un buen trabajo para el 75 en Villa Constitución, todas las organizaciones tenían un buen trabajo ahí, digamos era un desarrollo tan rico el que se estaba dando ahí tal es así que si vos hablas con cualquier militante de cualquier grupo te van a decir que ellos dirigían Villa Constitución. Yo creo que había en la forestal por ejemplo, tenias gente que adhería a distintas posiciones políticas.
La lucha antiburocrática era feroz, era un área donde el lopezreguismo tenia puesta muchas fichas te diría que es uno de los lugares donde empezó a golpear a los activistas obreros, físicamente no, a los activistas de la lista marrón, en ese contexto en el año 74 poder obrero secuestra a un tipo que estaba trabajando con las tres A y, que estaba identificado como que había trabajado en algunos de los atentados, y este tipo firma una amplia declaración sobre los que integraban, los grupos que habían participado en el atentado, con fechas con nombres, bueno esa declaración firmada por el tipo se distribuyo por todos los medios, para comunicarlo, allá por agosto del 74 en julio se había muerto Perón y ahí ya se empezaba a poner muy violenta la ofensiva del lopezreguismo, y la idea era hacer una investigación sobre todos ese grupo de la derecha, pero no se pudo obviamente hacerla.
UR: ¿Alguna otra participación en el campo sindical?
E: Bueno acá había algo muy elemental, en ferroviarios en UTA acá de Santa Fe peor bueno hay que pones bien en su dimensión la cosa, el trabajo era por contactos dos o tres delegados, en sidal también había trabajo de ese tipo, no era que teníamos una comisión interna ni nada, eran intentos de participar en frentes sindicales.
UR: ¿Qué otro tipo de inserción tenían?
E: No había trabajo en la villa que yo recuerde, y creo que partía de una caracterización clasista, el trabajo en la villa era mas montonero y también del PRT.
UR: ¿Cómo hacia poder obrero para financiarse?
E: Y si usaba el método revolucionario como hacían las otras organizaciones que reivindicaban la lucha armada, no había una financiación vía colecta ni cuota de socio ni nada por el estilo, antes de las brigadas rojas ya existían los comandos a bancos, etc.
UR: Respecto a la organización del trabajo legal y el trabajo clandestino, ¿cómo estaba organizado?
E: Eso también fue evolucionando porque arranco siendo una cosa totalmente tabicado donde muy poca gente conocía a muy poca gente, a través de una organización celular, la siguió teniendo, siempre. Y el trabajo tanto en el frente estudiantil como en el frente obrero no tenia una diferenciación no había un sello que identificara a las agrupaciones que diferenciara a un frente con otro, en realidad había organizaciones como GB en Córdoba seguía funcionando el obrero. En realidad lo que sucedió es que las organizaciones, excepto FAL que era armada, las organizaciones digamos legales, siguieron trabajando con esos nombres.
UR: ¿Cómo te empezaste a vincular con la organización?
Yo estaba estudiando cine y el primer contacto en santa fe con la FAL era gente que venia de Malena a partir de ahí comienzan los contactos personales, y se empezó a trabajar en el instituto, que se empezó a conformar un grupo bastante numeroso de gente del instituto, después se fue abriendo hacia otros lados pero ahí empezó.
UR: ¿Y vos habías tenido alguna otra participación en otra organización?
E: Yo había estado en la juventud peronista, porque yo había venido acá a santa fe a estudiar ciencias económicas, hice un año y después deje y me puse a trabajar en una fabrica y había tenido contacto con gente que después se fueron a taco ralo, pero no alcance tampoco a conocerlos bien, que aparecieron en taco ralo. La juventud peronista todavía no existía era mala palabra digamos, yo tenia origen peronista y bueno venia por ese lado, esto era mas o menos '63 o '64.
UR: ¿Qué lectura tuvieron cuando se viene el gobierno de Campora que es un momento bastante crítico?
E: Si, recuerdo que la posición fue votar en blanco, había posiciones dentro de la organización que estaban por un apoyo crítico al gobierno del peronismo, pero en definitiva fue votar en blanco. Entre las características que tenia todo el trabajo clandestino y el vértigo con el que se daban las cosas, hace que todo sea bastante confuso.
No estábamos en condiciones políticas de elaborar posiciones políticas muy pensadas ante algunos hechos de magnitud importantes que nos pasaban por encima.
UR: ¿Qué cuestiones recordás como significativas respecto a la clandestinidad hechos, normas o códigos?
E: Las comunes a todas las organizaciones, los lugares de reunión chequeados previamente, las señas, los mecanismos normales que usaba cualquier organización, me parece que era una necesidad, pero no era eje demasiado, mas bien hacia que todo fuera una cosa mas artificial, respecto al proceso político que ocurría afuera de esa burbuja de la clandestinidad, yo hoy no adoptaría ese tipo de estrategia, en definitiva si tenes que sacar un saldo de todo eso, tiene que ver con el foquismo todas las organizaciones estaban influenciados por ka experiencia cubana, tupamaros eran de una influencia muy fuerte. y además la característica urbana de los procesos de organización de masas, es distinto a toda la dinámica que se da en zonas liberadas, del monte en donde se establece una comunidad con la participación de los sectores populares de ese lugar una especie de mini sociedades autónomas que ocurrió que se yo en Vietnam en China, Nicaragua también, bueno acá en la ciudad la cosa obligaba, a medida que la cosa se fue agudizando era casi una obligación la clandestinidad para que no te sacudan tampoco. En definitiva si uno ve todo ese tipo de dinámica en relación a los réditos políticos y bueno...Nadie se esperaba una respuesta de la magnitud de la respuesta de la represión en ese sentido hubo una subestimación de la respuesta, no se consideraba realmente las tendencias ideológicas que se estaban dado en la sociedad, el contexto internacional con el golpe de chile.
UR: Hay algo que no nos quedo claro, en que momento se lleva a formalizar a las brigadas rojas.
E: Yo no participe en eso, por el nombre te diría que era bastante influencia de la gente de lucha comunista, no se si del MIR pero si de lucha comunista, en ese aspecto lo mas ultra, que era gente muy vinculada teóricamente la gente del manifiesto de Italia y por esa época existían las brigadas rojas. Pero si a mi me llamo la atención el nombre.
UR: ¿Había influencia de teóricos latinoamericanos , o cuáles eran las principales lecturas?
E: No. No Mariategui, se leía a cierto nivel bastante a Mandel, se leía mucho Lenin, casi básicamente y se leí a titulo de información a los teóricos vietnamitas y Mao. Pero de ahí no se tomaba nada era como para conocer esas corrientes, pero yo creo que centralmente era una lectura de Lenin y Milciades peña con el análisis económico nacional.
En realidad a Mariategui no se lo conocía. Los textos del che se leían mucho, y se empezaba a dar un poco la influencia de los teóricos italianos, Gramsci, Togliatti y los sucesores, Virno. Existía una revista que en esa época circulaba bastante, y se le reconocía a esa publicación justamente una voluntad de autonomía teórica, de re teorizar las cuestiones que se daban a nivel mundial con el capitalismo, entonces estaba empezando a ser incorporado como parte de la base teórica.
UR: ¿Se podría llegar a contar algo del hecho de los intrépidos del aire?
E: Yo me había ido de acá me había cambiado dos veces de casa porque me estaban marcando mucho y me fui a Rosario, y a la semana de estar en Rosario cayeron a mi casa, nunca supe como llegaron ahí en el '74, era una casa de la organización que me habían dado provisoriamente para estar ahí, acabábamos de llegar con otro compañero de una asamblea que había habido en PASA en San Lorenzo, donde había un proceso de autogestión, algo muy interesante. Después nos enteramos que había un tipo de la federal que puede haber visto algún movimiento raro, nunca supimos. También podemos haber sido seguidos. Y lo de la avioneta fue en el 75, simularon un traslado de un tipo accidentado a Bs.As, y una vez que se subieron a la avioneta lo apretaron al piloto y la idea era volantear la cárcel de Coronda, dieron una vuelta y cuando llegaron lo estaban esperando en sauce viejo y los estaban esperando. Al otro día estaban los vagos ahí en Coronda con nosotros. Ahí termina la anécdota.
UR: ¿Tenían periódico en poder obrero?
E: Hubo una época en que se distribuía el periódico El Obrero que venia de Córdoba, pero después tiene que haber habido en el 74 un periódico y no se sino habrá seguido llamándose El Obrero.
UR: Bueno realmente agradecemos mucho tu disponibilidad y la confianza en nuestro proyecto, nos encantaría poder mantener el contacto con vos, porque creemos que tenes mucho para aportarnos. Gracias también por tu tiempo.
E: A mi me gustaría mucho poder contactarlos con otra gente que ahora está en Bs.As, o en otras ciudades , ustedes podrían acercarme la entrevista, una vez desgravada para que yo se la haga leer a compañeros que quizás puedan aportar más.Me parece muy bien la idea de la investigación. de hecho en Poder Obrero hubo un intento hace casi 15 años de hacer una historia del OCPO pero no se pudo hacer porque no hay material...
Organización Comunista Poder Obrero
Poder Obrero fue la síntesis de una de las tres grandes vertientes revolucionarias de la Argentina: la de origen peronista, que culminó en Peronismo de Base-FAP y Montoneros-FAR, la marxista, que tuvo su mayor desarrollo en el PRT, y la socialista revolucionaria, con FAL y OCPO como principales expresiones.
En esos breves años, se incorporaron a OCPO, aportando su experiencia militar y política, algunas de las tendencias emergentes de la crisis de FAL y numerosos grupos independientes nacidos a fines de los 60. En 1975 la organización dio un salto cualitativo, cuando cumplió un papel decisivo en las Coordinadoras a través de sus cuadros obreros y formuló una propuesta de avanzada frente a la crisis abierta por la bancarrota de Isabel Perón y el avance de la derecha, lo que la ubicó como tercera fuerza, a menudo en un papel mediador, junto Montoneros y PRT.
Pese a que, por origen, Poder Obrero estaba ideológicamente más próximo al PRT, la política de masas lo acerca a Montoneros, sobre todo a partir del surgimiento de las Coordinadoras, donde OCPO y Montoneros, en ese orden, adquieren una influencia determinante.
La historia de OCPO puede sintetizarse en las siguientes etapas:
1) El período de gestación previa en varios grupos afincados en Córdoba, Tucumán, Rosario, Buenos y La Plata, cuando el debate teórico-político está fuertemente impregnado por la recuperación de la teoría marxista clásica. Aunque este debate implica, a la vez, un fuerte cuestionamiento al stalinismo y, poco después, a algunas tesis centrales de León Trotsky. En esta etapa la inserción es predominantemente estudiantil y en la comunidad intelectual, como la de casi todos los nuevos grupos de izquierda.
2) La segunda etapa comienza con el Cordobazo y sigue con el surgimiento del clasismo de Sitrac y Sitram, los sindicatos cordobeses de la automotriz FIAT. Es un período de intensas luchas obreras, que incluye, además, las huelgas revolucionarias cordobesas con tomas de fábrica, en 1970.
3) La tercera comienza en 1973, con una tremenda derrota política de la mayor parte de los grupos de la Izquierda Socialista Revolucionaria y un triunfo popular de masas, cuando Héctor Cámpora gana las elecciones y la dictadura militar se retira humillada.
4) La cuarta se caracteriza por la superación de aquella derrota y el crecimiento nacional de Poder Obrero, su inserción en sectores cualitativamente importantes del movimiento obrero y, estimulado por ello, por la formulación de una estrategia política mucho más depurada y precisa. En esos años, desarrolla una fuerza militar propia, cuyo nombre, Brigadas Rojas, evoca las milicias obreras de las insurrecciones europeas contemporáneas a la Revolución Rusa
5) Por último, hacia fines de 1975, el reflujo del movimiento de masas alienta un debate interno que culminará en dos tendencias: la “militarista” y la “espontaneísta”, para utilizar dos caracterizaciones de entonces. No hubo vencedores ni vencidos en esa polémica: La dictadura aniquiló a Poder Obrero y al resto de las organizaciones revolucionarias. El intento de unificar Montoneros, PRT y OCPO en la Organización de Liberación Argentina (OLA) llegó tarde, cuando las fuerzas revolucionarias ya habían sido diezmadas y, sobre todo, el movimiento obrero se había fracturado entre una vasta avanzada proletaria y las grandes capas de obreros peronistas que se retraían, desilusionados por el aciago final del gobierno de Isabel Perón.
Momento fundacional
En un encuentro realizado en Córdoba en 1974, una decena de agrupaciones pertenecientes a la izquierda socialista revolucionaria acordaron formar la Organización Revolucionaria Poder Obrero (ORPO), que integraron el grupo El Obrero, cuyo núcleo central era de Córdoba, Poder Obrero, de Santa Fe, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), de Buenos Aires, Acción Comunista y otros. Orientación Socialista, que venía participando de los debates previos, se apartó por sus desacuerdos en torno al papel de la lucha armada en la etapa y, fundamentalmente, por la caracterización del peronismo y el balance en torno a las posiciones adoptadas por la izquierda socialista en 1973.
El núcleo programático de ese acuerdo fundacional se apoyaba en los siguientes puntos:
--Que la creación de una nueva organización revolucionaria que unifique los destacamentos de la izquierda socialista surge --luego de un proceso de intensos debates con las organizaciones ya existentes-- de la convicción de que la acumulación teórica y política de la Izquierda Revolucionaria Socialista llevó a la ruptura con las concepciones de la izquierda tradicional y aún con las de las corrientes surgidas en los sesenta, lo que plantea la necesidad de constituirse como una nueva alternativa revolucionaria. (La decisión de autodenominarse “organización” y no”partido” obedece a una concepción de la construcción del partido revolucionario, al que se considera resultado de un proceso, paralelo al advenimiento de una situación revolucionaria, en el que los distintos destacamentos de origen marxista y peronista arriban progresivamente a términos de unidad políticos y organizativos.)
--Que el carácter de la revolución en la Argentina es predominantemente socialista, ya que se trata de un país políticamente independiente --no obstante su dependencia económica del imperialismo-- con una formación económico-social capitalista y una composición del proletariado predominantemente urbana e industrial. (Esta caracterización rompía con las concepciones del stalinistmo y el trotskismo, ya que la primera, crudamente expresada aquí por el Partido Comunista primero y luego por el Partido Comunista Revolucionario, postulaba una revolución democrática y antiimperialista, en tanto que el segundo definía a la Argentina como un país semicolonial, aunque planteaba la revolución socialista basándose en la célebre tesis del propio Trotsky sobre la Revolución Permanente.)
--Que la Argentina atraviesa una situación prerrevolucionaria, es decir que las fuerzas del proletariado, su organización y su conciencia no han madurado lo suficiente, aunque están en gestación las condiciones revolucionarias. (En este punto, se considera imprescindible el nacimiento de formas de doble poder para la apertura de la situación revolucionaria.)
--Que, en un marco de acelerada derechización de la gran burguesía, la lucha por la democracia y el socialismo exige una tal acumulación de fuerzas sociales y políticas que sólo es posible a través de la creación de un vastísimo Frente Democrático, cuyo núcleo es el proletariado industrial, que ayude a resolver la crisis a favor del campo popular.
--Que el clasismo es la expresión natural de la lucha reivindicativa del proletariado, ya que marca su independencia del Estado, la patronal y las burocracias, pero que no constituye en sí mismo una política de masas ya que la clase obrera construye su liderazgo político sobre las otras clases y sectores en el Frente de Masas, en cuyo seno libra la lucha por la democracia política. Concebir al clasismo como la política revolucionaria reduce a ésta al marco de la lucha sindical y aísla a la clase obrera de las otras clases y sectores que son sus aliados, transitorios o duraderos, en la lucha por profundizar la democracia y abrirle paso a una situación revolucionaria. (Esta concepción expresa otra de las diferencias con las corrientes de la época, incluso con otros grupos de la izquierda socialista, ya que considera al proletariado peronista y a las organizaciones revolucionarias que lo expresan como parte fundamental del frente de masas y de la dirección del proceso revolucionario. De ahí que la forma política del poder revolucionario se enuncie como Gobierno Obrero y Popular.)
--Que la construcción de las vanguardias políticas se da en el proceso mismo de construcción del Frente de Masas, distinguiendo entre dirección revolucionaria --que es colectiva, compartida por los distintos destacamentos prerrevolucionarios y no necesariamente comunista-- del partido de la revolución, al que se prevé posterior a la toma del poder y como consecuencia de ella. En esa orientación, la apertura de un proceso que contemple niveles crecientes de unificación de las organizaciones revolucionarias se considera como una tarea decisiva.
--Que, frente a la situación política existente, es necesario extremar los esfuerzos por incorporar a todos los sectores democráticos, cualquiera sean sus niveles de compromiso y consecuencia, para extender y generalizar la lucha por una democracia avanzada y necesariamente inestable, ya que el afianzamiento de cualquier gobierno de la burguesía conducirá inevitablemente a una contrarrevolución preventiva y a la desarticulación del movimiento de masas mediante una represión aún más violenta que la de este momento.
--Que, en este contexto, la política de alianzas ha de ser sumamente flexible y dinámica, respondiendo a los distintos momentos del proceso político, y que la hegemonía proletaria en el Frente Democrático no se garantiza de ningún modo con un programa previo sino que la cuestión se define en cada momento concreto de la lucha. (También aquí OCPO rompe con la tesis de los frentes populares, que teorizó Dimitrov, y que Stalin impulsó en China y Europa, a la vez que con la propuesta de Trotsky, que, a propósito de la insurrección alemana y, más tarde, de la guerra civil española, reduce la lucha antifascista al Frente Unico, es decir a la unidad de los partidos obreros. En realidad, para Poder Obrero el Frente Democrático expresa los niveles de alianza para la lucha democrática, en tanto que el Frente Unico es la unidad de los revolucionarios , y ambos son parte de la construcción del Frente de Masas )
--Que la lucha por la democracia y el socialismo tiene un carácter ineludiblemente violento, lo que plantea la necesidad de construir un ejército proletario basado en las milicias obreras y populares. Aunque la acción militar independiente de las organizaciones revolucionarias se considera necesaria, ella forma parte de las tareas preparatorias para el armamento general del proletariado una vez abierta la situación revolucionaria. En ese proceso, se propone la generalización de los piquetes obreros armados como una tarea fundamental de la coyuntura.
--Que el carácter del enfrentamiento armado entre el proletariado y sus aliados, por una parte, y la gran burguesía y el imperialismo, por la otra, exige una estrategia de Guerra Civil Revolucionaria. (Esta tesis, fuertemente inspirada en las insurrecciones europeas, marca una diferencia fundamental con las otras dos propuestas vigentes en la época: la del PRT, de guerra popular prolongada, inspirada en China y Vietnam y que supone un papel fundamental del campesinado, y el insurreccionalismo del PCR y otros grupos –recuérdese la consigna “Ni golpe ni elección, insurrección”--, que las organizaciones guerrilleras llamaban “pacifistas”, porque postulaban un levantamiento generalizado del proletariado sin proponerse ninguna acumulación militar para garantizar que se pueda tomar y defender el poder.)
Un año más tarde, en 1975, en un nuevo encuentro en Buenos Aires, se incorporan FAL, de Rosario y Santa Fe, y Lucha Socialista, de La Plata, cuyo principal dirigente era Luis Rubio. Poco antes ya se habían integrado grupos más pequeños de Mendoza y San Juan, dirigentes estudiantiles de Filosofìa/70, de Buenos Aires, y ARDES, una agrupación fundamentalmente estudiantil de Tucumán, aunque su principal dirigente, Héctor Marteau, tenía una proyección popular importante en esa ciudad.
Luego de un corto debate sobre la necesidad de asumir la identidad comunista, pese a décadas de desprestigio, el nombre mudó a Organización Comunista Poder Obrero (OCPO).
El núcleo central de ORPO, primero, y luego de OCPO, fue El Obrero, que nació hacia fines de los sesenta por iniciativa de un grupo de militantes cordobeses, entre ellos, varios que habían participado de la etapa final del Movimiento de Liberación Nacional, conocido como “Malena”. De esa breve experiencia había quedado la apertura hacia el peronismo, la valoración de las condiciones nacionales en la elaboración de una estrategia revolucionaria y la concepción, por entonces novedosa, de que el partido de la revolución no surge de la autodefinición de un grupo de intelectuales sino de un proceso masas en el que convergen los distintos agrupamientos de la vanguardia.
Hasta el Cordobazo, El Obrero era un grupo pequeño formado por estudiantes y unos pocos cuadros obreros. Entre los fundadores, Carlos Fessia, Jorge Camilión, Juan Iturburu, Rodolfo Espeche y Dardo Castro. Su potencialidad radicaba, en todo caso, en una poderosa capacidad de elaboración política, en la formación intelectual y política de sus cuadros y en su aguda sensibilidad frente al proceso de masas. Sin referencias en la historia de la izquierda argentina, no provenía de ninguna de las grandes escisiones del Partido Comunista, ni del peronismo, ni de las vertientes trotskystas que estuvieron en el origen de organizaciones tan distantes entre sí como el PRT, PO o el PST.
En realidad, El Obrero, como el resto de los grupos que formaron OCPO, era hijo del fervor intelectual y político de los años 60, alimentado por la resonancia mundial de las luchas de liberación nacional en el Tercer Mundo, la Revolución Cubana y las insurrecciones obrero-estudiantiles en varios países, que en la Argentina convergían con los cambios económicos y sociales introducidos a fines de los 50. Así fue como los actores fundamentales del Otoño Caliente italiano y del Mayo francés fueron los mismos que aquí protagonizaron la gran huelga estudiantil de Córdoba en 1966, el Cordobazo en 1969 y el Viborazo en 1971: el obrero fordista y el estudiante masa.
Esta impronta marcó desde el inicio la identidad de El Obrero y de los grupos que formaron OCPO. Varios de ellos, aún sin conocerse, venían de procesos y elaboración teórica y política asombrosamente similares, como fue el caso de El Obrero y Lucha Socialista. En ambos grupos, por ejemplo, se interpretaba que las insurrecciones urbanas de fines de los 60 cuestionaban profundamente las estrategias revolucionarias obrero-campesinas heredadas de las revoluciones soviética, china y vietnamita. Por eso es que, para El Obrero, el Cordobazo fue el hecho decisivo que le permitió pensar una nueva teoría política que estará en la base de su desarrollo posterior.
El Cordobazo y el Clasismo
Hacia fines de los 60, El Obrero tenía alguna inserción en fábrica y varios cuadros en los sindicatos de trabajadores estatales. La gran huelga de la Universidad de Córdoba, en 1966 democratizó profundamente al movimiento estudiantil, y en ese magma de agrupaciones de base nacieron los Grupos Revolucionarios Scocialistas (GRS), el brazo estudiantil de El Obrero. También en las fábricas la tarea de la hora era el impulso a las agrupaciones de base, no partidarias, donde convergían las organizaciones revolucionarias en la lucha por el salario y la democracia sindical.
La formulación política de El Obrero estaba fuertemente impregnada por planteos de principios, común a toda la izquierda socialista, y su propaganda tenía más un contenido de docencia que de propuestas políticas. De hecho, el nombre El Obrero fue asignado por los trabajadores que, al ingresar a fábrica, recibían un pequeño periódico que tenía ese nombre y que contenía lecciones de materialismo histórico junto con análisis políticos y sindicales.
En realidad, el nombre de la publicación había sido tomado del periódico homónimo publicado en 1890 en la Argentina por el ingeniero alemán Germán Avé Lallemant, un intelectual marxista de una rara originalidad.
El debate político interno del grupo El Obrero era intenso, y giraba alrededor de toda la teoría marxista que se conocía por entonces. A mediados de los 60, las editoriales Pasado y Presente y La Rosa Blindada habían introducido autores que el comunismo oficial ignoraba: Rosa Luxemburgo, Antonio Gramsci, Nicolás Bujarin y toda la vanguardia rusa asesinada por Stalin, Georg Luckács, Vô Nguyên Giap y, decisivamente, los documentos de la Tercera Internacional que resumían la experiencia del movimiento comunista mundial. También contemporáneos europeos como Louis Althusser, Nicos Poulantzas y otros.
Los militantes de El Obrero devoraban esos libros y los sometían a una crítica implacable. Así se forjó un conocimiento profundo del marxismo y de la experiencia revolucionaria mundial. Desde Trotsky hasta Mao, desde la revolución argelina hasta la cubana, todo era estudiado sistemáticamente, pero con el desprejuicio y la irreverencia del recién llegado.
Pero, en mayo de 1969, el Cordobazo puso patas arriba el proceso político y trajo un salto en la acumulación política de los destacamentos revolucionarios. La irrupción de la clase obrera, primero en las calles de Córdoba y luego en varias ciudades, significó que todo el debate teórico de los años previos tuviera ahora una referencia ineludible y que, a partir de entonces, la acción política ocupara el centro de la actividad de los grupos de la izquierda revolucionaria. Ya no se polemizaba sobre experiencias lejanas, o en todo caso, esa polémica tenía una atinencia concreta e inmediata, y cada vez más lo que se decía y se hacía tenía consecuencias en el proceso político, a medida que los cuadros más destacados del movimiento obrero asumían o eran influidos por las posiciones de izquierda.
Un año después del Cordobazo, Sitrac y Sitram, los sindicatos de la fábrica automotriz Fiat radicada en Córdoba, produjeron en la práctica otra ruptura con la vieja izquierda al recuperar del fondo de la historia del movimiento obrero argentino los principios de clase que definen la lucha reivindicativa como antiestatal, anticapitalista y antiburocrática.
Para entonces, la izquierda socialista ya estaba inserta en puntos importantes del mapa industrial, y continuaba librando su batalla contra las corrientes que proponían la revolución por etapas. De hecho, en el Encuentro Nacional de Obreros Revolucionarios, convocado por Sitrac y Sitram en 1971, ése fue el debate central, que culminó con una declaración que reivindicaba la revolución socialista y hacía suyas todas las luchas del movimiento obrero argentino, desde el anarquismo hasta el 17 de octubre, pasando por la Patagonia rebelde y la huelga de los talleres Vassena de principios del Siglo XX.
Cámpora al gobierno
Con el Gran Acuerdo Nacional, lanzado en 1972 por el general Alejandro Agustín Lanusse, la burguesía se propone disputarle en términos políticos el dominio del Estado al movimiento popular. Es decir, renuncia a disciplinar al movimiento obrero por la vía coercitiva para, en cambio, establecer nuevas formas de relación donde lo que se busca es el consenso. De este modo, el proceso dictatorial en manos de Lanusse adquiría ductilidad. Por un lado, abrió los grifos de la descompresión social por medio de paritarias que trajeron aumentos salariales; por el otro, había cierta libertad formal, aunque, a la vez, se mantenía la persecución y represión al activismo clasista y al movimiento político revolucionario. Con Lanusse el pueblo experimenta las primeras desapariciones forzadas de personas, las detenciones ilegales y fusilamientos de militantes (el caso emblemático es sin duda el de Trelew).
Así, la dictadura intentaba aislar al movimiento revolucionario, ya que la condición para liberalizar el régimen político era que los partidos tradicionales repudiaran a las organizaciones armadas, lo que Lanusse también le exigió a Perón. A su vez, como la dictadura percibía la complicidad de las organizaciones armadas peronistas con Perón, le impuso condicionamientos para poder ser candidato en el futuro proceso electoral.
Esta sinuosidad de la política de Lanusse puso en crisis a El Obrero-GRS, induciéndolo a profundizar su izquierdismo, de manera que un año antes de las elecciones de marzo de 1973 lanza el “boicot” al proceso electoral. Su política se vuelve profundamente sectaria, pues denuncia como enemigos del movimiento popular a todas las corrientes políticas que guardan algún tipo de expectativas en el proceso electoral. De todas maneras, es importante señalar que estas vivencias de El Obrero-GRS anclaban en las propias contradicciones que se movían en lo profundo del movimiento popular.
No obstante, la inserción social de Poder Obrero le impone a sus militantes un llamado de atención con respecto a la forma concreta de expresar el boicot, ya que se percibe que el movimiento obrero se ha incorporado al proceso electoral, por lo que se descarta apostar a un voto de masas, como sería un vuelco hacia el voto en blanco, y se opta por una forma de voto programático con la idea de agrupar al activismo “más conciente”. Entonces, la propuesta fue el Voto Repudio, expresado en una boleta donde se plantea el rechazo a las elecciones en nombre de la continuidad de la lucha por el socialismo.
El día después del Camporazo, el 12 de marzo, llegó la crisis, cuya profundidad fue aún mayor que la de otros grupos a causa de la inserción de El Obrero en el movimiento de masas y su aguda sensibilidad política. Se declaró entonces “el estado de asamblea”, al que se sumó, además, a agrupaciones estudiantiles y gremiales, y a dirigentes independientes que eran referentes del movimiento popular y habían compartido la posición electoral.
Una fábrica entera, la de motores Perkins, encabezada por su comisión interna, había decidido, en una asamblea en puerta de fábrica, poner en la urna el voto repudio. Al día siguiente, sólo el humor cordobés mitigó el abatimiento avergonzado de quienes habían impulsado esa táctica.
La asunción de Cámpora y la primavera democrática
La recomposición de Poder Obrero, pese a la magnitud de la debacle inicial, no tardó demasiado. No sólo por la reubicación autocrítica sino, fundamentalmente, porque el propio proceso de masas avanzaba vertiginosamente. A poco andar del gobierno peronista que asumió en 1973, trabajadores de todo el país comenzaron a rebelarse contra el Pacto Social y rompieron el techo salarial impuesto por el plan Gelbard. La lucha de clases estallaba en el seno mismo del poder político y, de algún modo, los trabajadores comprendían que, pese a la profunda brecha democrática que abrió de hecho el triunfo de Cámpora, se vivía una situación de equilibrio catastrófico, con un movimiento obrero y popular sin fuerza suficiente para ganar la hegemonía política a la vez que los grandes grupos de poder se recomponían rápidamente. Poco después, los proyectos de reforma de la Ley de Asociaciones Profesionales, que daba mayor poder a la burocracia sindical, y del Código Penal, que era un arma contra las movilizaciones obreras, fueron otros tantos motivos de enfrentamiento con el gobierno. En ese marco, se intuía que, la estabilización política bajo la férula de cualquier fracción gran burguesa en condiciones de imponerse, con Perón o sin él, favorecería el aplastamiento cruento de toda resistencia que obstaculizara el proyecto de recomposición capitalista y de cambio drástico en la distribución del ingreso. No lo sabíamos entonces, pero éste era el objetivo del capitalismo en todo el mundo.
Entretanto, en el seno de El Obrero, triunfaba en el debate la corriente que proponía profundizar el compromiso político asumiendo todos los matices de la lucha política democrática, desde una posición de autonomía revolucionaria. La defensa de la gobernación de Ricardo Obregón Cano, en Córdoba, y de Martínez Vaca, en Mendoza, mostraron la importancia que tenía en la conciencia de las masas la defensa de la soberanía popular. Esta asimilación también abrió a una mayor comprensión del peronismo. La lucha consecuente por la profundización de la democracia, bien que conservando la independencia política revolucionaria, abrió paso a las consignas transicionales y a una incursión profunda en las tesis de la Tercera Internacional previas a la muerte de Lenín.
Así se incorporó la distinción entre sindicatos de clase y consejos obreros; los organismos de resistencias de la clase obrera y las organizaciones de doble poder. Este bagaje teórico y una subjetividad ansiosa en penetrar en la tensión de una lucha de clases cada día más compleja permitían dar cuenta de las formas novedosas de organización popular en la lucha contra el desabastecimiento y el control de precios. En las barriadas del gran Buenos Aires y de la Capital, las Unidades Básicas, que como se sabe eran las formas de organización política del Partido Justicialista, asumían esas tareas rompiendo los moldes de la estructura partidaria para transformarse en organismos de lucha popular.
En esta práctica, la profundización de la lectura de Trotsky permite separar el concepto de las consignas transicionales con el programa de transición. En la concepción de Poder Obrero, el programa es siempre un programa de lucha que se va adecuando a la relación de fuerzas que, a su vez es esencialmente dinámica. Desde esta práctica van surgiendo posiciones políticas que le permiten a Poder Obrero salir de la crisis del 11 de marzo de 1973 y volver a reinsertarse en la lucha política. Este es el concepto, que más tarde como consigna de resistencia democrática frente a la ofensiva del isabelismo y las tres “A”, se formula como Gobierno Provisional del Senado”. No por casualidad estas consignas de lucha no fueron levantadas por las organizaciones políticas de raíz stalinistas y trotskysta.
De esta manera, se abandona la concepción formulada por el Lenin en Qué hace a favor de El Izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo y todos sus escritos producidos durante el proceso revolucionario, desde Las Tesis de Abril en adelante, hasta la convocatoria a la Tercera Internacional. También Trotsky, con A donde va Francia, La lucha contra el Fascismo en Alemania y Los escritos militares influyeron en la reformulación de la teoría revolucionaria de Poder Obrero, así como los escritos sobre el fascismo de Poulantzas, los de Gramsci sobre la huelga turinesa, la literatura sobre los consejos obreros y las tesis de Zinóviev.
Del clasismo a las coordinadoras
Desde la epopeya de los sindicatos cordobeses de Fiat, Sitrac y Sitram, que en enero de 1970 emergieron afirmando su condición de clase y excluyendo toda política de alianzas con fracciones del gremialismo burocrático, el movimiento obrero combativo había recorrido un largo camino en el que se asimiló plenamente la necesidad incesante de buscar términos de unidad los más amplios posibles. En este sentido, los mecánicos cordobeses en 1974, los metalúrgicos de Villa Constitución y, poco después, en 1975, las Coordinadoras de Gremios en Lucha de Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe, redefinieron el clasismo y, superándolo, incorporaron el carácter pluralista de la lucha reivindicativa y democrática.
Una vasta avanzada obrera, influida por las organizaciones revolucionarias, aprendía junto con ellas que la unidad de los trabajadores, cualquiera fuese su identidad política, era la condición fundamental para defender salarios y libertades democráticas. Después de todo, el Cordobazo fue fruto también de la alianza entre un socialista, Agustín Tosco, y un astuto vandorista, Elpidio Torres, que por entonces jugaba al recambio del dictador Onganía propuesto por otro general, Alejandro Agustín Lanusse. Y a partir de 1973, Tosco se unió al peronista
En la recuperación del SMATA y de la UOM Villa Constitución, sus conducciones ya no se definen como clasistas aunque sigan siéndolo, son listas plurales en las que la conducta política, la metodología, los define como clasistas. En la Mesa de Gremios en Lucha de Córdoba, que es el antecedente inmediato de las Coordinadoras, también se visualiza una concepción mucho más abierta, más flexible, más política, causada por la necesidad vital de evitar el aislamiento del movimiento obrero. Hay una continuidad clasismo-sindicalismo combativo- coordinadoras, Las coordinadoras son las síntesis, ya no plantean sólo cuestiones reivindicativas sino que se erigen en conducción obrera y dirigencia popular, incorporando en sus propuestas la lucha por las libertades democráticas.
En esos años, el pensamiento político que fue elaborando OCPO tiene esa base, es decir que se origina en una estrecha relación con el propio proceso político de masas. Fue clasista con el SITRAC-SITRAM y, luego tuvo una influencia decisiva en las Coordinadoras. Y fue influida por ellas.
Este proceso es palpable es en la política de alianzas. Por ejemplo, en 1974, previo a la intervención del sindicato metalúrgico de Villa Constitución, la UOM llama a todos los partidos políticos, a una reunión y los invita a sumarse a la lucha contra la intervención. En el caso de Córdoba, a fines de 1975, la Mesa de Gremios en Lucha, convoca a todos los partidos políticos a una reunión en Alta Gracia, en la que estuvieron dirigentes nacionales del radicalismo y del peronismo. La Mesa, en nombre del movimiento obrero cordobés, los invita a luchar juntos para parar el golpe.
Estas iniciativas eran propuestas de OCPO, que concibe al frente de masas como un instrumento dinámico, cambiante, siempre contradictorio, que se define en cada momento político concreto. Esto es un elemento nuevo, porque la tradición de la izquierda socialista y trostkysta admite alianzas sólo con quienes se puede acordar un programa de más largo plazo, y no una consigna para un momento concreto en el cual se busca un determinado objetivo que conviene que conviene a los interses inmediatos del proletariado.
El final
En octubre de 1975 se realizó el último Comité Central de OCPO. Para entonces, la lucha política entre militaristas y espontaneístas ya se había desatado. El núcleo fuerte de los primeros estaba en el Comité Militar, con Oscar Salerno, Vampi y Raúl Tissera, y en la secretaría de Organización, a cargo de Eduardo Renedo, un cuadro de una capacidad teórica deslumbrante que elaboró la fundamentación en que se apoyó el militarismo y que luego revisaría totalmente su posición, poco antes de que fuera secuestrado. Los seguían centenares de militantes sumamente jóvenes, incorporados en la última etapa, que a causa de la forzada clandestinidad no conocían ninguno de los cuadros históricos de la organización. Casi todos revistaban en el aparato militar o en áreas burocráticas y carecían de experiencia de masas, al contrario del perfil tradicional de los militantes de OCPO, formados en las lides sindicales o estudiantiles, donde habían ganado representatividad y reconocimiento.
Por otro lado, el ala política se sostenía en los cuadros históricos de El Obrero, como Fessia, Camilión y Castro, a esa altura debilitada porque Iturburu y Rubio, de Lucha Socialista, estaban en prisión, y Espeche había renunciado a la dirección para proletarizarse.
Luego de un largo análisis de la inminencia y, acaso, la inevitabilidad del golpe militar, expuesto por Fessia, la política que se adoptaría hacia delante desató el conflicto. Por una parte, el ala política propuso profundizar las tareas de masas, redoblar los esfuerzos de unidad con PRT y Montoneros, no solo para actuar conjuntamente en el plano militar sino, fundamentalmente, para trabajar una táctica común en el movimiento obrero y para lanzar una ofensiva política conjunta destinada a incidir en los partidos tradicionales, a esa altura divididos entre entusiastas y resignados frente al futuro golpe.
En el fondo de esta propuesta estaba la convicción de que las condiciones habían cambiado irreversiblemente, y que la posibilidad de parar el golpe estaban ya prácticamente fuera de las posibilidades de las organizaciones revolucionarias, lo cual debilitaba enormemente esta posición en el debate.
Aunque formalmente coincidían con la propuesta política, los integrantes del Comité Militar respondieron que la vía fundamental para revertir el retroceso era profundizar el enfrentamiento militar. Propusieron un plan de operaciones de extrema ofensiva, lo que, explicaron, fortalecería la organización y sería un aliciente para las luchas del movimiento obrero, que se hallaba desvalido por las vacilaciones de las organizaciones revolucionarias que, prácticamente, lo habían abandonado a sus fuerzas en medio de la represión desatada por la derecha. Contribuía a esa lectura la ofensiva que el PRT redoblaba pese a los reveses de la Compañía de Monte en Tucumán y de las tomas de los cuarteles de Sanidad y Monte Chingolo, y al cambio de rumbo de Montoneros, que había lanzado un ambicioso plan militar visto el ocaso de las Coordinadoras.
En rigor, el planteo militarista reformulaba una vieja discusión sobre el papel del partido, su metabolismo con la clase obrera, es decir lo que el leninismo define como la relación vanguardia-masa o, mejor aún, entre espontaneidad y conciencia. Frente a una coyuntura en la que las tareas de masas se volvían cada vez más difíciles por la crisis política y la represión, la propuesta de una resolución militar sonaba atractiva para muchos compañeros que se habían incorporado a la militancia prácticamente con un fusil en la mano.
Las dos posiciones estaban en paridad de fuerzas en el máximo organismo de conducción, de ahí que la resolución final haya sido una mezcla de ambas posiciones. Así, puede leerse lo siguiente en el Informe Político del Comité Central, fechado el 1º de Octubre de 1975: “El enfrentamiento al g obierno y a las fuerzas represivas y golpistas a fin de promover una apertura democrática para el campo obrero y popular debe ser el objetivo fundamental de la lucha armada. Para ello, la Organización debe multiplicar en forma acelerada su capacidad de combate a través de las Brigadas Rojas, a la vez que debe jugar un rol decisivo en el impulso de los piquetes obreros armados y de todos los niveles de autodefensa de masas.”
Y más adelante decide:
“Promover una línea de unidad de acción con todas las fuerzas políticas obreras, populares y democráticas en defensa de las libertades democráticas y contra el golpismo. El eje central de la política de unidad de acción debe consistir en impulsar todo tipo de manifestación, acto, denuncia u otros hechos concretos, que contribuyan a ampliar el espectro de fuerzas para enfrentar al golpismo y las maniobras autoritarias y antidemocráticas de la burguesía. A este nivel debe convocarse el conjunto de fuerzas que tienen contradicciones políticas con las maniobras golpistas, dando a la vez con ellas una lucha consecuente sobre la necesidad de levantar la renuncia del gobierno y la convocatoria a elecciones, pero sin romper la unidad de acción política.”
Era un documento de compromiso; de hecho, reabrió la lucha política con más fuerza. En la reunión, Fessia terminó aceptando el plan militar para evitar la profundización del conflicto. Nunca pasó de unas pocas operaciones. La represión destrozó el aparato militar y OCPO fue descabezada en pocos meses.
Algo sobre el militarismo
Hacia fines de 1975, después del Rodrigazo, el movimiento obrero estaba exhausto y fracturado por dentro. Grandes capas de trabajadores peronistas se retraían, desconcertadas por la bancarrota isabelista y la clausura del horizonte político, en tanto que los sectores obreros y populares que habían sido el núcleo dinámico durante el período anterior comenzaban a aislarse, así como las organizaciones revolucionarias, que nos empeñábamos en redoblar la apuesta aún sabiendo que el camino de la revolución era ya un corredor sin salida. El militarismo, que la movilización incesante había perdonado, cobró mayor fuerza en todas las organizaciones armadas. No el foquismo, al menos en el sentido clásico, el de Regis Debray, que sólo tuvo vigencia en las ingenuas primeras agrupaciones armadas de los 60, como las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Fuerzas Armadas de Liberación (FAL) en sus respectivos comienzos.
Por ejemplo, el PRT fue, quizás, la organización que con mayor fidelidad aplicó la concepción leninista del partido, y queda para otro debate si no fue esa misma concepción, que en Qué hacer exacerba la centralidad de la vanguardia, lo que llevó al PRT a retirar cuadros valiosísimos de las coordinadoras para sumarlos al combate armado.
Es que todo partido político es portador de una propuesta de orden, de un orden determinado, más aún cuando se trata de una organización revolucionaria a la usanza de los 70, dos décadas antes de Chiapas y la encantadora sabiduría del subcomandante Marcos. He ahí el mayor conflicto para un revolucionario, un desafío que no puede resolverse de una vez y para siempre sino que exige respuestas en cada momento político. Lo saben largamente los dirigentes gremiales que militaron en algún grupo político setentista y que vivieron la contradicción entre la espontaneidad del movimiento, su desorden natural, y la propuesta política de su partido, siempre al filo de lo burocrático y autoritario que los aísla o del espontaneísmo que lleva a que la construcción política sea como arena que se escurre entre las manos.
Y el militarismo es la máxima propuesta de orden, ya que una operación armada puede ser planificada de antemano hasta en el menor detalle y su simetría, su perfección previa en la mesa de arena, son menos riesgosos y exigen menos creatividad y audacia que la resolución de una crisis política, donde se está obligado a tener cuidadosamente en cuenta no ya las fuerzas propias, el número de combatientes, el armamento, el escenario operativo, etc., sino las tendencias profundas del movimiento social, sus contradicciones internas y su capacidad de respuesta. No fue en 1973 cuando esa impotencia nos arrastró al holocausto, sino hacia finales de 1975, cuando toda nuestra inexperiencia y nuestro tremendismo revolucionarista quedaron al desnudo a un costo terrible.


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