Por Angelina Pagani.

Días antes de realizarse el Foro de Vía Campesina, que se organizó en la ciudad de Rosario entre los días 10 y 11 de agosto, se juntaron en el Centro Cultural La Toma mujeres de diferentes organizaciones campesinas, de pueblos originarios, dirigentes, militantes. Mujeres en lucha de organizaciones de Sudamérica que conforman a la Vía Campesina[1].
El eje que atravesó la discusión fue: “Por un futuro sin hambre - Cambio climático: impacto en las mujeres y en la soberanía alimentaria”.
En cada reunión la mística se hacía presente: el baile, el canto, y ofrendas a la Pachamama fueron el punto de inicio, el toque de aromas y color del profundo debate político que construyeron en esos días.
El primer día de encuentro la discusión giro en torno a la cuestión de la soberanía alimentaria, el segundo, y en relación con esta temática, sobre los cambios climáticos, sin dejar de relacionarlo con la problemática de género. La idea fue dejar algunas cuestiones discutidas y declaradas para presentar en el FORO que se vendría posteriormente. Para las mujeres “La soberanía alimentaria es un principio de carácter político que cuestiona al sistema capitalista en todas sus expresiones y busca la transformación de la sociedad. Plantea la necesidad de luchar contra las políticas neoliberales y por la defensa de la tierra y los territorios (…) El reconocimiento del trabajo de las mujeres y su justa valoración económica y social es uno de los fundamentos de la soberanía alimentaria”.
Cada una relató las particulares consecuencias de los cambios climáticos en su región y cómo estos afectan a la salud, a la economía y a las relaciones sociales de sus poblaciones.
Hablaron de la perversidad de las trasnacionales que no sólo privatizan los bienes naturales, sino que después venden esos recursos, como por ejemplo el agua, y la presentan no como un derecho y si como una mercancía a la que sólo tienen acceso unos pocos.
Una compañera peruana, hacía la perfecta analogía de la madre tierra con una persona, una persona que tiene la nariz tapada y ya no puede respirar más.
¿Quiénes son los responsables de que esto suceda? ¿Somos todos? El debate transcurrió entre quienes pensaban que los responsables mayores son los propietarios de las multinacionales, otras decían que es responsabilidad de todos/as tomar conciencia y aportar a que se frene con la contaminación del medio ambiente.
Coincidieron en que no todos tenemos la misma responsabilidad, y que desde diferentes organizaciones campesinas e indígenas se ha tomado conciencia y se está trabajando en ese sentido. La reflexión invitó a pensar lo que está en discusión es el actual modelo de producción de alimentos y el gran desafío que se plantearon las mujeres, fue empezar a pensar la satisfacción de necesidades sin presionar al medio ambiente.
Todas coincidían con que los indicadores que muestran los cambios climáticos son la señal de que este sistema capitalista está en crisis. “Sabemos que el cambio climático es producto de los actuales patrones de producción, comercio y consumo y que sólo cambios radicales del capitalismo podrán dar una solución verdadera. Estamos luchando contra los monocultivos, los transgénicos, los agronegocios, el latifundio y la extranjerización de la agricultura y los territorios”.
Es casi imposible poder trasmitir en estas líneas, tanta fuerza, tanta lucha, tanta rebeldía, la energía con la que ellas contaban sus experiencias, sus resistencias, su militancia.
Los pueblos campesinos y originarios vienen hace años luchando por la soberanía alimentaria, por sus tierras, por sus derechos, resistiendo las represiones, las discriminaciones, tratando de recuperar lo que por herencia y lucha les pertenece.
Y expresaron: “Los pueblos del campo sufrimos cada vez más la violencia por parte del capital. Expropian nuestra producción, explotan nuestro trabajo, nos expulsan de la tierra, nos envenena día a día, desprecian nuestra cultura y nuestros saberes, criminalizan nuestras organizaciones y luchas. Las mujeres somos agredidas además por la cultura patriarcal que sirve de fundamento al capitalismo. La agresión cotidiana ha enfermado a muchos y erosionado valores y formas de convivencia, haciendo que muchas veces la violencia se instale al interior de nuestras familias. Junto con enfrentar la violencia del capital debemos enfrentar la violencia doméstica, que nos convierte a mujeres y niños en las principales víctimas y constituye otra de las formas perversas de aniquilarnos”.
La cuestión de la soberanía alimentaria, está totalmente invisibilizada por los gobiernos, por los medios de comunicación, por las empresas que ven en los alimentos un negocio, por las trasnacionales. Esto se padece tanto en lo rural como en lo urbano.
Empecemos a cuestionarnos de qué forma lo urbano y lo rural pueden aportar a que la soberanía alimentaria se empiece a instalar en todos los resquicios de la sociedad. Para que no nos vendan que la seguridad alimentaria es lo mismo que soberanía alimentaria, para que no creamos que la soja alimenta y nos enriquece como país, para que empecemos a cuestionar que las políticas sociales de alimentos que instalan los gobiernos, no alimentan ni aportan a nuestra salud.
Empecemos a escuchar las voces que crecen desde el pie, a todos esos compañeros y compañeras que la vienen luchando desde hace siglos y que no se sintieron representados, ni por el gobierno ni por el campo en estos últimos meses.
“Desplegaremos la campaña contra todas las formas de violencia contra las mujeres. La campaña es parte integral de nuestras luchas y debe involucrarnos a todas y todos. Organizaremos la lucha contra la cultura patriarcal, por la independencia económica de las mujeres, por nuestro derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y por nuestra participación en los espacios de decisión”.
Con estas líneas finalizaron su declaración, para darle continuidad a la lucha y a la discusión junto a otros compañeros/as en el foro de la Vía Campesina.
[1] La Vía Campesina es un movimiento internacional de campesinos y campesinas, pequeños y medianos productores, mujeres rurales, indígenas, gente sin tierra, jóvenes rurales y trabajadores agrícolas. Son un movimiento autónomo, plural, multicultural, independiente, sin ninguna afiliación política, económica o de otro tipo. Las organizaciones que forman la Vía Campesina vienen de 56 países de Asia, África, Europa y el continente Americano. En mayo de 1993 se llevó a cabo la primera conferencia de La Vía Campesina en Mons, Bélgica, donde fue constituida como una organización mundial, siendo definidas sus primeras pautas estratégicas y su estructura.


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